AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

Entrevista con el artista nigeriano Andrew Dosunmu, director de RESTLESS CITY.

Andrew Dosunmu

Pocas películas filmadas por directores africanos alcanzan distribución comercial fuera del nicho de Festivales especializados tan de moda en la actualidad. El cine africano, al igual que otras manifestaciones culturales que permanecen al margen del sistema, se encuentra soterrado en estos espacios de difusión de los Festivales y que, si bien tienen la virtud de establecer conexiones entre profesionales de origen diverso mientras dan a conocer sus obras a un público curioso, impiden al mismo tiempo que sus películas lleguen a una audiencia general no especializada. Tras exhibirse en Festivales, las películas africanas adquieren una pátina de exotismo difícil de borrar, obstaculizando su salto a la distribución mayoritaria. Desprenderse de la etiqueta estigmatizadora sigue siendo uno de los  hándicaps principales para los nuevos creadores africanos, aunque algunos navegan aguas turbulentas y arriban a puertos mayores.

Restless City, de Andrew Dosunmu, ha logrado la épica gesta de ser distribuida desde mañana viernes 27 de abril en cines de las ciudades más importantes de los EE.UU., tanteándose incluso la posibilidad de una distribución más ambiciosa si la respuesta es la esperada y, por el momento, nada parece predecir lo contrario. El African-American Film Festival Releasing Movement (AFFRM), colectivo fundado por Ava DuVernay, presenta esta película dentro de un programa cuya pretensión es que directores negros independientes logren llegar a una audiencia mayoritaria, evitando ser absorvidos en los vericuetos de un sistema de distribución reservados para el cine comercial de estirpe hollywoodiense.

Después de una exitosa trayectoria por festivales internacionales, con Sundance como punto de arranque, esta historia de amor y violencia entre una pareja de jóvenes inmigrantes africanos que sobreviven en los límites de la ciudad de Nueva York llega a las pantallas comerciales. La receta de su éxito se debe en gran medida a sus aspectos más técnicos, en un filme caracterizado por unas decisiones formales cuidadas al detalle, lo que asegura el benepláctio de un público cansado de ver imágenes miserabilistas de temas y personajes africanos y que, en esta ocasión y para compensar, se deleitará con la belleza de la fotografía de la mano de Bradford Young (Pariah); con el desfile de un envidiable vestuario creado por Mobolaji Dawodu; con la heterogeneidad irreverente de la banda sonora, mezcla de piezas clásicas con composiciones africanas del más variado cuño y procedencia y, si esto no fuera suficiente, con la incuestionable belleza de sus dos protagonistas: Sy Alassane y Sky Nicole Grey, ambos modelos convertidos en actores.

Muy pronto miraremos al 2012 como al año del encumbramiento internacional del carismático actor francés de origen africano Omar Sy por Intouchables. Parte del encanto que ha cautivado a audiencias allí por donde ha pasado la película gala se debe al de su protagonista, comparable con el que transmite otro Sy de similar origen: Sy Alassane (Djbirl en Restless City). Este joven nómada senegalés, deseoso de labrarse una carrera musical en Nueva York mientras sobrevive vendiendo en la calle, verá sus planes truncados cuando se enamora de Trini, una prostituta sometida a los caprichos del mafioso y chulo del barrio. Djbirl y Trini, esta última interpreta por Sky Nicole Grey, modelo y actriz jamaicana a quien pudimos ver recientemente en Better Mus’ Come, componen una pareja protagonista que encuentra equilibrio perfecto en actores secundarios más experimentados como Danai Gurira (The Visitor o Treme, premiada serie de televisión de HBO) y Tony Okungbowa (actor y productor musical nigeriano parte de The Ellen Degeneres Show). La simplicidad del guión de Eugene M. Gussenhoven es respetada por la actitud contemplativa de la cámara, encargada de mostrar sin enjuiciar y responsable de envolver al espectador en un halo de dramática ensoñación propia de las vivencias de sus protagonistas. Actuaciones emotivas donde el deambular se convierte en acción mientras los personajes protagonistas acaban desembocando en un final predicho a gritos desde los primeros planos son la excusa narrativa para que Dosunmu nos ofrezca su propia visión de nueva de la Nueva York: una mezcla de fundidos, brisas, sensaciones táctiles y colores tornasolados que se diluyen en las puestas de sol como lo hacen los sueños de Djbril y Trini, engullidos por una urbe que acoge sin preocuparse por el destino de sus habitantes. Quien busque espacios reconocibles al uso de guías de viajes o del imaginario de Woody Allen o Martin Scorsese se sentirá decepcionado; quien desee dejarse llevar al ritmo de las pulsiones de la juventud híbrida y errante de nuestro tiempo se encontrará como en casa…

Fotograma de Restless City

Andrew Dosunmu, nigeriano formado en Londres y actualmente a caballo entre Lagos y Nueva York, acaba de regresar a los EE.UU. para acompañar a su hijo predilecto en sus primeros pasos de distribución comercial. Restless City tuvo la semana pasada una muy buena acogida entre los asistentes al Festival de cine africano de Nueva York, pero su director no pudo asistir al estar rodando una serie de televisión en su otra patria: Nigeria. Teníamos concertada una entrevista telefónica nada más desembarcar y Andrew llamó puntual: a las dos de la tarde y sin muchas interferencias charlamos sobre su obra novel, su poética, filosofía vital e intereses actuales.

BEATRIZ LEAL RIESCO: Andrew; tienes una formación muy amplia en el trabajo audiovisual desde la fotografía a la publicidad, pasando por videos musicales, documentales y televisión. Restless City es tu primera película de ficción: ¿cómo te acabaste metiendo en este mundo del cine?

ANDREW DOSUNMU: Siempre he querido hacer películas, pero en Nigeria estás rodeado por profesores, abogados o ingenieros sin posibilidad de conocer a un director o entrar en contacto con ese mundo. Por ello trabajé en otros campos ligados a la imagen, sintiendo que todo lo que hacía me estaba preparando para hacer películas. Nací en Nigeria, me crié en Londres y actualmente trabajo entre Nueva York y Lagos. Siempre he sido autodidacta trabajase en el campo que trabajase y como no tengo una formación cinematográfica específica, he tenido que aprender en el set… El cine es un arte de naturaleza colectiva, y desde el primer día he vivido esta experiencia, involucrando a amigos y colaboradores. Hacer una película es un work-in-progress diario.

BLR: ¿Nos podrías hablar de cómo surgió el proyecto y de la etapa de preproducción?

AD: En los últimos años, toda parecía estarme llevando hacia este filme. Mientras hacía fotografías, filmaba documentales, realizaba videos musicales o trabajaba para televisión, la idea de rodar una película iba adquiriendo más y más fuerza, por lo que finalmente un día me cansé de esperar a que se diesen las condiciones idóneas que me permitirían filmar. Llamé a mi amigo escritor Eugene M. Gussenhoven y en sólo dos semanas teníamos el guión de Restless City. Esta fue la génesis, aproximadamente hace tres años.

BLR: Tu director de fotografía es Bradford Young, técnico bien conocido, entre otros, por su reciente trabajo en Pariah. Restless City ha sido muy alabada por su estilizada estética, no habitual en otras producciones africanas recientes. ¿Fue complicado casar vuestras visiones al ser ambos profesionales de lo visual?

ED: Por mi base de fotógrafo sabía qué tipo de imagen estaba buscando, y poder trabajar con Bradford Young fue una experiencia única. Ya habíamos colaborado en el pasado, y nuestra relación se podría definir como de “verdadera química”. Desde el primer momento que nos vimos la energía empezó a fluir entre ambos, lo que no es nada habitual. Young y yo compartimos las mismas referencias y tenemos ideas estéticas similares, lo que hace que se establezca un dialogo muy productivo. Este intercambio y entendimiento es visible en la cámara de Young, una extensión de mí mismo en los 18 días que duró el rodaje.

BLR: Has puesto a trabajar juntos a actores y actrices experimentados en papeles de reparto (Danai Gurira, Tony Okingbowa) con otros menos versados como protagonistas. El resultado es óptimo, aunque quizás la decisión de base es un tanto  arriesgada. ¿Cuáles fueron las motivaciones que te llevaron a ella?

AD: Antes de nada, he de decir que he quedado muy satisfecho del trabajo de cada uno de mis actores: principales y secundarios. Tanto para Djbirl como para Trini, los personajes protagonistas, buscaba una característica muy importante: la ingenuidad o un cierto candor, y creo que la encontré.

Parte del equipo de Restless City en Sundance

BLR: ¿Podrías hablarnos del trabajo con Sy Alassane y Sky Nicole Grey, actor y actriz protagonistas? Hace muy poco hemos visto la extraordinaria interpretación novel de Nicole en Better Mus’ Come de Storm Saulter, película nominada como mejor ficción de la diáspora en los AMAA, los “Oscars Africanos”.

AD: Conocía a Sy Alassane con anterioridad, porque le había fotografiado en el mundo de la moda. Ya entonces veía algo interesante en él, por lo que quería volver a trabajar juntos. Me había comentado que tenía cierta experiencia en la actuación en Francia, en donde residía. Volviendo al momento en el que organizamos el casting para el actor principal te he de decir que vinieron muchísimos actores jóvenes del área de Nueva York, pero ninguno de ellos entendía lo que estaba buscando. Quería retratar la vida de un emigrante africano viviendo en el Nueva York actual, y en ese momento me acordé de Sy, una persona que encarna a la perfección esa realidad humana que me rodea. Le hice venir para una audición y, a pesar de que no fue la mejor que haya visto en mi vida, me dejé guiar por mi instinto y caminamos mano a mano durante todo el tiempo de realización del filme.

En lo que atañe a Sky Nicole Grey, supe desde un primer momento que ella sería la actriz protagonista. Su increíble actuación en la película de Storm Saulter que acabas de mencionar lo corrobora.

BLR: ¿Cuáles son los retos que se te presentan al trabajar a caballo entre los EE.UU. y África? ¿Cómo te defines dentro de esta nueva generación de directores africanos?

AD: Lo cierto es que no he tenido ningún problema con esta realidad nómada que vivo. Nuestra generación forma parte de un mundo que es global, por lo que no creo en las virtudes de establecer categorizaciones rígidas que creen separaciones en vez de provocar una conexión y diálogo más porosos. Trabajo como un africano en la diáspora, y trato de que esto sea relevante y comprensible para la audiencia. Este deambular entre espacios es una zona de comodidad para mí, en la que encuentro posibilidades en vez de obstáculos.

Fotograma de Restless City

BLR: ¿Cuál es el papel que juega la música en Restless City?

AD: Desde que la idea de la película empezó a bullir en mi cabeza, la música estuvo presente de manera destacada. Tal y como te comenté, el armazón de la película estaba construido en un par de semanas, con el aspecto nomádico del actor protagonista como aspecto central. Tenía en la mente esta idea del pastor que usa música para mantener a las ovejas en movimiento, por lo que empleé la música del mismo modo. Además, el elemento musical funciona en el conjunto de la obra como un rito de pasaje y un nexo de conexión entre diversas personas y culturas, razón por la que la banda sonora está compuesta de canciones de tradiciones diversas para lograr así subrayar la conexión y la tensión transatlánticas. Como sabes, todo africano vive expuesto a músicas de incontables regiones y tradiciones, y es por eso que la decisión de que Djbirl fuese músico fue central para el proyecto.

BLR: La película está rodada en Manhattan y Brooklyn, pero el espectador tiene la sensación de que la historia podría suceder en cualquier otra gran ciudad del mundo. ¿Por qué elegiste Nueva York en vez de Lagos, París, São Paulo o Madrid?

AD: Nueva York ha producido siempre un gran impacto en mí, pero no quería centrarme en Brooklyn como barrio sino en la ciudad como un todo único en el mundo.  Queens, Harlem, Bronx… todos estos barrios son partes imprescindibles de una ciudad cuya característica más notable es, para mí, su larga historia de integración de minorías diversas, las cuales han sido capaces de mantener sus rasgos distintivos viviendo en común. Esta es la razón que me hace sentir especialmente cómodo en Nueva York; algo que no he experimentado en otro sitio del planeta y que he intentado transmitir con Restless City.

Beatriz Leal Riesco

Philadelphia (26/04/2012)

*Artículo publicado el 01/05/2012 en el periódico Rebelión (www.rebelion.org).

*Artículo publicado el 04/05/2012 en el periódico GuinGuinBali (www.guinguinbali.com).

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