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Para los amantes del cine y la cultura africana…

OUR BELOVED SUDAN, de Taghreed Elsanhouri (2011) o el cine como arma de cambio histórico.

Our Beloved Sudan (2011) es la cuarta película de la directora sudanesa Taghreed Elsanhouri tras los documentales cinematográficos All about Darfur (2005) y Mother Unknown (2009), ambos premiados en Zanzíbar, y del cortometraje para televisión Orphanage of Mygoma, encargado por Al-Jazeera English para su sección documental “Witness”.

La que es hasta la fecha su última película tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Dubai en diciembre del 2011 y, en febrero de este año 2012, recibió el premio de plata del jurado en la primera edición del Festival Africano de Luxor. En fechas muy próximas se podrá ver en el Festival de cine africano de Nueva York (6 de mayo en el Maysles Cinema), en la que es una de sus muchas paradas dentro de una exitosa carrera a través de festivales especializados. Arropada su directora por reconocimientos a lo largo de toda su carrera, es de recibo apuntar que Mother Unknown (2009), su segunda producción, fue acogida en su presentación en el festival de Dubai con críticas mixtas. Como veremos, también en el caso de Our Beloved Sudan nos hemos de detener cuidadosamente en el análisis de la obra, siendo especialmente cautelosos a la hora de extraer conclusiones sobre su valor en cuanto a documento histórico a raíz de la sensibilidad del tema tratado, lo cual podría cegarnos en el instante de explicitar sus cualidades artísticas.

Como en sus obras previas, Tahgreed Elsanhouri sigue sirviéndose de temas candentes para ofrecer una visión personal de los mismos, eligiendo en esta ocasión el referéndum por la secesión de Sudán en enero de 2010 como punto de partida para cubrir la historia del país desde su independencia del poder colonial en 1956 hasta nuestros días. Durante décadas, las vidas de tres generaciones de sudaneses han sido marcadas a fuego por dos guerras civiles y múltiples conflictos, salteados por efímeros períodos de paz y reconciliación. Recientemente, los efectos de esta historia de luchas y desavenencias nacionales se ha constatado en la separación de los territorios más meridionales en un estado independiente: Sudán del Sur.

La cineasta sudanesa Taghreed Elsanhouri.

Este documental de bajo presupuesto producido por la reconocida y archipremiada internacionalmente Jihan El-Tahri (Cuba: An African Odissey, 2007) es una joya preciosa en un país con una escasa producción fílmica, incluso si se compara con otros países de la zona rezagados dentro de la revitalizada industria cinematográfica africana más reciente. El documental se abre con una joven cantando una melodía de amor y añoranza, seguida de las palabras explicativas a modo de presentación de la propia directora en voice-over: “La historia de Amira, joven que pertenece a una familia de raza mixta, refleja y coincide con los momentos más importantes de la historia de Sudán y encarna tanto los momentos de esperanza como los momentos de desesperación que se viven en un país que es su hogar”.

Tres son las narrativas que se entrelazan en esta película: la historia de la familia de Amira a través de los años tal y como las relatan sus protagonistas femeninas; los acontecimientos políticos claves durante medio siglo en uno de los países más peligroso del mundo, y la visión personal de la directora desde su perspectiva actual. La narración se ordena en la fase de montaje intercalando valiosas imágenes de archivo de momentos únicos de la historia de Sudán con entrevistas a los representantes políticos más relevantes del país y con la filmación original de algunas de las familiares de Amira. Our Beloved Sudan es un documental ambicioso en cuanto al complicado tema que trata y cargado de emoción en su discurso al enhebrar la historia colectiva con la familiar. Sin embargo, la técnica cinematográfica es por momentos imprecisa y fluctuante, transitando de la memoria histórica a la personal a través del morbo innecesario de encuentros imposibles entre mujeres enfrentadas de la misma familia, a modo de una entrega del populista talk show de la estadounidense Oprah en horario de máxima audiencia. La sensibilidad de la realizadora quizás hubiese podido omitir éste y otros momentos que, si bien consiguen el guiño y la sonrisa del espectador, acaban por caer en la emotividad fácil y funcionan en el conjunto de la cinta en detrimento de la rigurosidad analítica conseguida gracias a un trabajo de postproducción sopesado. Es verdaderamente una pena que, por este motivo, acabe resintiéndose la edición del resto del metraje, el cual logra hacer dialogar a un conjunto de admirables entrevistas con la selección del found footage recreando la convulsa realidad de Sudán hasta la fecha. Aunque las relaciones femeninas de amor-odio nacidas de una comprometida consanguinidad pretenden erigirse en metáfora vital de las condiciones generales del país, carecen de la fuerza necesaria para lograrlo.

Lo mismo cabe decir de la endeble voice-over de la directora; si la elección de no recurrir a una narradora profesional se debe a la creencia de que su propia voz transmitiría un plus de veracidad y no a la escasez de presupuesto, el resultado no ha sido el esperado. Quizás hayan estado en la base de esta decisión de Taghreed Elsanhouri los diarios filmados y documentales íntimos tan al alza entre directoras de países periféricos (por poco que me guste el término) y/o experimentos continentales tan logrados como los del camerunés Jean-Marie Teno, quien se muestra en sus documentales a guisa de narrador, comentador y afilado crítico de la realidad africana, pero en este caso esta herramienta discursiva no ha dado los frutos deseables, notándose un desequilibrio narrativo y formal en la pieza acabada. En un presente en el que el género documental es tan querido por muchos realizadores, la experimentalidad y originalidad que se permitían hace unos años, época caracterizada por la intensa renovación del formato, ha quedado atrás. Hoy en día y cuando está en juego un tema tan relevante y tan sensible como la historia de Sudán desde su independencia, las decisiones estéticas han de ser tomadas de manera concienzuda para no derivar en una falta de concordancia poética entre los elementos formales empleados y el contenido a trasmitir.

Fotograma de Our Beloved Sudan (2011).

Entre sus mayores logros se encuentran, tal y como he previamente apuntado, el trabajo de campo archivístico y un soberbio uso de las entrevistas con  personalidades de diversos partidos e ideologías quienes, a través de reflexiones e ideas, iluminan los problemas raciales, políticos y religiosos en juego en la larga historia de incomprensión y odio entre sudaneses. De especial interés son los extractos de las entrevistas mantenidas con Rebecca Garang, viuda del Dr. John Garang, quien fuera defensor de la unión sudanesa y creador de la idea de un “Nuevo Sudán” democrático y libre. John Garang, figura por antonomasia de la imagen del líder, fue la única persona capaz de hacer creer a su pueblo en la posibilidad de paz y reconciliación, ambiciones altruistas y radicales por las que acabaría pagando con su vida, 21 días después de que se firmase en el 2005 el “Comprehensive Peace Agreement” (Acuerdo comprensivo de paz) cuando se le encontró muerto en un misterioso accidente de avión. Los últimos coletazos de este fallido sueño de reconciliación han acabado con cualquier posibilidad de unión provocando finalmente en el 2010 la secesión.

Con el referéndum, los sueños de un visionario han sido borrados y sus terribles efectos se siguen sintiendo hoy, más de dos años después, a través de las sangrientas noticias que nos siguen llegando desde el continente. Sin duda, y a pesar de ciertas decisiones formales no especialmente acertadas, la conclusión es que estamos ante un documental único por dos motivos principales: a través de la proximidad del lenguaje audiovisual Our Belove Sudan contribuye a la creación de una conciencia internacional sobre la compleja realidad de este país africano; al mismo tiempo, se erige en un documento histórico de referencia para generaciones futuras de sudaneses en el intento por comprender su propia historia y luchar por evitar errores pasados. Esperemos que no sólo podamos verlo en festivales especializados, sino que llegue a impactar en una audiencia necesitada de información contrastada y alejada de las mentiras globales que impiden la libertad, la justicia y la hermandad entre los pueblos.

Beatriz Leal Riesco

Philadelphia (23/04/2012)

*Artículo publicado el 23/04/2012 en el periódico GuinGuinBali (www.guinguinbali.com).

*Artículo publicado el 24/04/2012 en el periódico Rebelión (www.rebelion.org).

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Esta entrada fue publicada en abril 23, 2012 por en Cine, ensayo, journalism y etiquetada con , , , , , , .

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