AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

SEXE, GOMBO E BEURRE SALÉ (2008). Mahamat Saleh-Haroun.

Hay quien todavía desearía sorprenderse al encontrar un melodrama para la televisión entre la producción de un cineasta como Mahamat-Saleh Haroun (Chad, 1961), premiado en Festivales de cine internacional como Cannes o Venecia, y habitual del circuito cinematográfico, donde se le reconoce un alto nivel artístico en el ejercicio de su profesión. Sin embargo, la decisión de filmar un telefilme donde el humor ligero y las situaciones rocambolescas son la espina dorsal del argumento, nos recuerdan las razones que llevaron al director dos lustros atrás a abandonar el camino del filme de autoficción experimental y crítico que es “Bye Bye Africa” (1999) para volcarse en el formato más clásico de la ficción.

La imposibilidad de encontrar eco entre un público no especializado y alejado de la cinefilia de haber seguido profundizando en la línea de su primera propuesta, arriesgada y vanguardista, explica este encuentro con la ficción en sus tres largometrajes hasta la fecha, trilogía vertebrada sobre la típicamente africana búsqueda del padre. Con esta temática como hilo conductor, Haroun indaga sobre aspectos de lacerante actualidad del África contemporánea a través de un lenguaje fuertemente metafórico, resultado de una técnica cinematográfica basada en el uso no convencional de tamaño y alternancia de planos, la simplicidad binaria de colores y texturas, el fuerte trabajo con actores profesionales o no y una medida utilización de la palabra y la banda de sonido en su valor dramatizador. Su emotiva “Abouna” (“El padre”, 2002) se centra en el abandono que provoca la emigración y, como consecuencia, en la falta de referentes humanos para toda una generación de africanos jóvenes, mientras que la inoperatividad de la venganza después de 40 años de guerra civil en Chad y la reconciliación como única solución posible es el mensaje que quiere transmitir “Daratt” (2006). En esta cinta cargada de tensión y angustia vital, Haroun se enfrenta a las respuestas fáciles dadas por las modernas actualizaciones hollywoodienses del perdón cristiano o la simplificada versión del mito griego de la revancha del héroe. Poniendo cara a cara a víctima y verdugo y resolviendo de una manera inesperada su conflicto, se aboga por la necesidad de seguir en el camino de los tribunales de “Verdad y Reconciliación” creados recientemente en África. Reflexión que continúa la premiada por el Jurado de Cannes “Un homme qui crie” (2010), filme que da un paso más en el análisis de la complejidad del ser humano y sus miserias cuando llega la hora de entregar el testigo a sus descendientes y enfrentarse a la certeza de la desaparición. Entender el sentido de la propia vida en relación al otro se convierte en una lucha contra los instintos de supervivencia que pueden provocar, incluso, el crimen del parricidio.

“Sexe, gombo et beurre salé” coloca a la figura paterna de nuevo en primer plano, pero adoptando en este caso el género de la comedia melodramática televisiva, para seguir ahondando en ese estudio que comenzara con “Bye Bye Africa” y desarrollara en las obras citadas. No hay por ello ruptura sino sintonía con sus largos de ficción en celuloide, a través de casi hora y media de pura diversión y complicidad entre espectador, actores y cineasta. Quien espere encontrar en esta película tipos comunes al género no hará sino decepcionarse. La actuación de actores principales y secundarios (algunos viejos conocidos de otras producciones de Haroun) es brillante en todo momento, gracias en buena medida a un guión que no cae en lugares comunes, empeñado en desmontar desde dentro los estereotipos de la comedia televisiva, y para cuyo guión Haroun contó con la colaboración de Marc Gautron (guionista de “Le Truc de Konaté” y “La Nuit de la vérité”, ambas de la cineasta burkinabé Fanta Regina Nacro) e Isabelle Boni-Claverie. Jugando con la capacidad de evocar a través del fuera de campo y las elipsis situaciones habitualmente centrales en este género, la sucesión de  desencuentros  e instantes desternillantes a los que dan vida una familia de subsaharianos en Francia, ubica al espectador en una posición de complicidad y libertad, que su imaginación ha de dotar de simbolismo y significado.

Ya en obras anteriores habíamos visto cómo el humor reclamaba su espacio dentro de proyectos de más grave calado. En sus largometrajes en 35 mm sólo lo encontramos en dosis controladas, como en el caso del cocinero David de “Un homme qui crie”, en la complicidad irónica que se establece al final entre los dos protagonistas de “Daratt”, o en los numerosos gags visuales que pueblan toda su producción. Estas oportunidades para la relajación de lo dramático mantienen la tensión de unas narraciones que no se permiten huir de la sobriedad en la forma, tal y como considera Haroun que ha de corresponder a un mensaje duro que no admite más que pequeñas concesiones al humor. Como han remarcado algunos críticos, se podrían establecer similitudes con Hitchcock, director capaz de sazonar debidamente la constante angustia que transmiten sus filmes con momentos de falsa relajación que provocan una ansiedad en aumento.

La vida de esta familia de emigrantes africanos en el país galo cuando la madre escapa con su amante, decisión que provoca un encadenamiento de situaciones y desencuentros, es tratada con una simplicidad y fingida ligereza que no es sino sensibilidad a la hora de presentar actores y circunstancias. Sus vidas intrascendentes y únicas al mismo tiempo se nos ofrecen sin caer en lo exótico ni en el estereotipo, mecanismo que consigue situar a sus protagonistas en un centro que se les había negado hasta ahora. Del mismo modo que la crítica considerada “alta” ha impedido el reconocimiento de géneros menores dentro de su Olimpo particular, los artistas africanos habían sido recluidos en los márgenes, forzándoles a luchar por una legitimación de sus voces en el discurso artístico, crítico y productivo. La pregunta es ¿cómo conseguirlo? ¿a través de qué medios y formatos? Desde le melodrama y a través de pequeños guiños, Haroun ha establecido una alianza con los géneros “menores”, tal y como encontramos en los homenajes a autores del séptimo arte en “Abouna”, donde incluye a sus cineastas más queridos al enfocar carteles de películas de Idrissa Ouedraogo, Jim Jarmush, Charles Chaplin e Issa Serge Coelo o, en el caso que nos ocupa, rindiendo tributo a Enki Bilal (Belgrado, 1951), uno de los dibujantes de cómic más famosos de la escuela parisina a nivel internacional.

No resulta por tanto banal que sea el cómic “La femme piège” (1989), historia de una heroína que busca su propio destino, el que funcione de telón de fondo de la cena en la que la madre disfruta de su recién adquirida libertad en la casa de su amante francés, mucho más comprensivo y entregado que su tradicional marido. El imaginario colectivo se nutre de imágenes e historias, transmitidas en formatos diversos, así como de la omnipresente música, una de las herramientas principales con la Haroun cuenta para construir sus historias.

Siguiendo esta línea de legitimar el diálogo entre géneros menores, se consiguen finalmente revalorizar voces diferentes sin tener que recurrir a un discurso que tacharíamos de intelectual y/o experimental. Es por ello que Haroun ha encontrado el modo de encararse contra la homogénea parrilla televisiva con el que es el recurso más eficaz: historias cargadas de poesía de la vida diaria, con las que el público conecta y se solidariza. Sazonadas con el amor como ingrediente principal en esta comedia con olor a “gombo y mantequilla salada” estas historias son suficientes para atrapar al espectador en su sillón y no dejarle parpadear más que para recuperar fuerzas hasta el siguiente y original gag, resolviéndose de manera no contradictoria la paradoja que se producía cuando el director se introducía en la propia filmación en “Bye Bye Africa” para preguntarse por la función del cine en el continente y denunciar así una realidad lacerante que quizás moviese a la acción. A pesar de situarse en primera persona y emplear un lenguaje innovador y combativo, su mensaje no tuvo más que una difusión limitada. Una década más tarde y sin recurrir a grandes gestos ni discursos radicales (por lo menos en su forma, aunque sería cuestionable), Haroun ha sido capaz de hacerse con la (todavía) poderosa pequeña pantalla, sirviéndose de un género menor como el telefilme de humor que, hasta fechas muy recientes, había estado reservado a una audiencia blanca a la que se le reafirmaba en tipos y situaciones. A través de la televisión Haroun ha recuperado el centro para voces tradicionalmente recluidas en los márgenes y así, ese mismo Haroun que se preguntaba sobre la muerte del cine en África y cómo hacer para resucitarlo ha encontrado su respuesta… ¿Paradójico? Que juzgue el espectador.

Beatriz Leal Riesco

Philadelphia, 23/10/2011.

Anuncios

2 comentarios el “SEXE, GOMBO E BEURRE SALÉ (2008). Mahamat Saleh-Haroun.

  1. PedroSS
    octubre 24, 2011

    Se me ocurre que este sitio, ya conocido, seguirá siendo una fuente de primera:
    http://www.mundonegro.com/

    • beatrizlealriesco
      octubre 25, 2011

      Tienes toda la razón: ¡gracias por mantenerme alerta de las noticias africanas en español!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en octubre 23, 2011 por en Cine, music y etiquetada con , , , , .

No sólo cine africano; cultura, música, arte, literatura y cine, mucho cine…

Categorías / Categories

Archivo / Archive

A %d blogueros les gusta esto: