AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

Tony Gatlif y Fatih Akin: diferentes miradas a la realidad migratoria en el cine contemporáneo

La realidad industrial del cine le ha acompañado desde sus orígenes más de un siglo atrás. Remontándose a sus primeros tiempos dos son las motivaciones por las que surgió: como nueva atracción de feria y como manifestación del progreso científico-técnico, capaz ya de representar la realidad en movimiento. Ambas tenían una clara motivación económica e industrial ligada al desarrollismo de la época. Con el tiempo, las posibilidades que se le han ido abriendo al medio cinematográfico a través de la evolución de la ficción y del documental se han ido ampliando hasta límites insospechados. Su potencialidad actual va más allá del mero entretenimiento o la exhibición progresista de la ciencia con sus nuevos hallazgos (realidad virtual, mejora de las cualidades visuales y sonoras del cine que no se imaginaban poco tiempo atrás, gracias a lo digital…) siendo capaz de mostrar realidades, contar historias, educar, provocar, mover a la acción, despertar sueños dormidos… De todo esto y de mucho más es capaz el cine que, como se atrevió a insinuar George Steiner en un acto de traición a la literatura y la música, a las que él siempre ha considerado artes mayores, [el cine] “es acaso la forma de arte mayor del siglo XX”[1].

Efectivamente, si quisiéramos trazar cualquier historia del siglo pasado, sea esta social, artística, antropológica, de género, industrial, filosófica, ética o económica, el cine resultaría una fuente y documento privilegiado e inexcusable para hacerlo. Además de los valiosos documentos escritos y de otros audiovisuales, el cine ofrece la posibilidad concreta de mostrarnos a través de su elaborado lenguaje y de su realidad como producción cultural, industrial y artística la historia, esta vez sin adjetivos calificativos, del siglo XX. Debido a tal cualidad de producción industrial algunos estudiosos han trazado una historia económico-industrial del medio desde su nacimiento. No es el supuesto que nos interesa. En este caso concreto, la capacidad del cine como “testigo” de la historia y como “creador” de relatos es la que resulta pertinente. Los sucesos económicos de las últimas décadas encuentran un narrador fundamental en este medio que cuando se preocupa conscientemente[2] por cuestiones contemporáneas resulta fuente principal de análisis de la problemática económico-social del presente.

Acotando más para cercar el objeto que nos interesa, es evidente que la realidad migratoria de fines del siglo XX y principios del XXI aparece en numerosas producciones de los últimos años. Interés similar se da por parte de instituciones públicas y productoras independientes que, conscientes de la pujanza del fenómeno migratorio y diaspórico, han potenciado la realización de películas que lleguen a públicos diversos integrando así nuevas capas poblacionales con identidades diferentes a la predominante en los países de “acogida”[3].

La amplia producción cinematográfica sobre la diáspora, seguida por un corpus crítico y teórico creciente sobre el tema, se ha de englobar dentro de un grupo de obras culturales y artísticas preocupadas por fijar y desentrañar la realidad nómada y móvil de gran parte de la población mundial actual. Si bien el trasvase poblacional entre continentes y países no es un fenómeno novedoso de los siglos XX y XXI sí es uno de los factores que definen la geografía económica y social del presente globalizado. Ante esta realidad contemporánea del aumento de movimientos migratorios causados por razones fundamentalmente económicas[4] el cine no ha permanecido insensible. La necesidad sentida por el medio de  retratar la realidad, opinar sobre ella y ofrecer narraciones alternativas a las que nos ofrecen los Mass Media con su discurso monolítico y conservador del status quo se ha dado también en este campo económico-migratorio. Algunas de estas producciones han conseguido ofrecer historias y relatos que representan mundos desconocidos para los espectadores adormecidos en la corriente audiovisual de estigma hollywoodiense. De este modo, han logrado satisfactoriamente acercarse a ese público ávido en conocimiento y crítico con su época que demanda nuevas propuestas.

Dentro del cine relacionado “de la emigración” existe una serie de directores africanos emigrados en Europa que han tomado especialmente en cuenta la capacidad del cine para llegar a un público numeroso de forma inmediata. Destacado y reconocido internacionalmente es el grupo de los beurs[5] en Francia. Si bien la primera oleada  de estos cineastas “emigrantes” empezó a dirigir en la década de los setenta, es hoy en día cuando jóvenes pertenecientes a la 2ª y 3ª generación están ofreciendo un conjunto de obras que por su calidad y número resultan fundamentales. Con su personal manera de acercarse a fenómenos ligados a la experiencia de la emigración y la diáspora, estos grupo de directores están cambiando la percepción de ciertos estereotipos, lugares comunes y prejuicios mantenidos durante años. Su producción, ocupada en la negociación y afirmación de nuevas identidades, en la expresión de nuevas maneras de ver y sentir el mundo y en la crítica al sistema occidental desde su interior, conforma un conjunto de obras adecuado para reflexionar sobre las implicaciones humanas, económicas y artísticas de los pueblos y los individuos que han emigrado.

A esta generación ya nacida en Europa o traslada en temprana edad a ella que se ocupa de la tarea de construcción de identidades complejas y de múltiples capas frente a estereo/tipos ampliamente aceptados y pocas veces cuestionados, pertenecen dos casos únicos y paradigmáticos: el alemán de ascendencia turca Fatih Akin y el argelino de familia gitana y nacionalizado francés Tony Gatlif[6]. La peculiaridad que une a ambos reside en servirse de la música para ahondar en temas como el desarraigo, las diferencias culturales e indentitarias de las comunidades minoritarias, la dificultad del entendimiento a la vez que imperiosa necesidad del mismo, las contradicciones entre las maneras de enfrentarse a la vida de las diferentes generaciones de emigrantes, etc. Las motivaciones económicas que llevaron en un primer momento a la experiencia de la emigración pasan a convertirse, a través del cine y de la música, en reflexiones sobre mundos relegados a los márgenes de la información diaria en los medios de comunicación y reducidos a meros titulares anecdóticos sin intención profundizadora alguna. Los mundos que representan nos obligan, a través de dos lenguajes artísticos tan poderosos como el cine y la música, a acercarnos a nuevas realidades y culturas que forman parte de la Europa actual. El tratamiento que al fenómeno migratorio se viene dando en el audiovisual difiere en la ficción y el documental. En cada uno de ellos las posibilidades y oportunidades son únicas y diferentes[7].

1. DOCUMENTALES sobre EXCOMBATENTES norteafricanos.

Antes de adentrarnos en las obras de los dos autores apuntados, es interesante hacer un alto y tratar, aunque sea someramente, un curioso grupo de documentales realizados en África, Francia y España[8] que se ocupan de los combatientes norte-africanos en las guerras europeas del siglo XX posteriormente olvidados por los países que se sirvieron de ellos. Esta emigración bélica forzada en la época colonial de habitantes de las colonias africanas de Francia y España que fueron empleados en sus contiendas bélicas[9] representa un lacerante ejemplo del uso que la metrópolis hizo de sus pueblos sometidos. Aunque esta realidad no se conoce tanto como la emigración motivada por la necesidad de mano de obra en la reconstrucción posterior de Europa, el reclutamiento forzado de millones de hombres fue condición necesaria para acabar la guerra y comenzar el proceso que desembocaría en el mundo actual tal y como lo conocemos.

A través de estos documentales se consiguió movilizar a la opinión pública acerca del derecho de los excombatientes a reivindicar sus pensiones. Se puso en marcha un proceso para aprobar una ley que les reconociese el derecho a la pensión y a su aumento proporcional al crecimiento del nivel de vida (que los nacionales sí habían visto reconocido). La realidad es que la subsanación de la igualdad entre los nacionales galos y los magrebíes y africanos antiguos combatientes ha llegado demasiado tarde. La ley que les reconocía su derecho íntegro se aprobó en 2007, afectando a unos 80.000 veteranos o sus viudas, menos de un tercio de los soldados del Magreb y África enrolados para luchar contra el nazismo en la II Guerra Mundial. Sus pensiones habían sido congeladas por el general Charles de Gaulle. En aquel momento y en el mejor de los casos, los veteranos cobraban el 30 por ciento de lo que los franceses. Una vez más se demuestra la manera interesada, paternalista e inhumana que sigue teniendo la metrópolis con sus excolonias en el supuesto mundo igualitario en el que vivimos. A pesar de que no a aquellos soldados no se les pedió opinión a la hora de elegir estar en uno u otro bando, el orden socio-económico y político del momento colonial les obligó a tomar activamente partido, algo que los países europeos vienen olvidado intencionadamente. Un cierto movimiento en el documental en Francia y en África ha conseguido al menos visibilizar la realidad de las pensiones, aunque la precaria situación de gran cantidad de pensionistas argelinos y marroquíes se haya visto modificada con demasiado retraso. Es el caso de obras franco-africanas (director de origen africano y producción desde o con Francia) Tasuma, le feu, de Kollo Daniel Sanou (2003, Burkina Faso) y Dans les tranchées l´Afrique. L´aventure ambigüe, de Florida Sadki (2004, de origen senegalés).

De la importancia que el movimiento provocó es muestra la película de ficción francesa, triunfadora de los César del 2006 y nominada a mejor película de habla no inglesa en los Oscars 2007 Indigènes de Rachid Bouchareb. Siendo fieles a la verdad, esta obra parece ser que fue el verdadero detonante de la modificación de la ley en Francia. La cinta, situada en el año 1943, retrata la composición multiétnica y racial de los combatientes franceses frente a los nazis. Este viaje “nada voluntario ni gratificante (…) de cuatro de esos 130.000 “indígenas” que recorren los escenarios bélicos de Italia, la Provenza, los Vosgos y Alsacia”[10] nos ofrece la posibilidad de pensar acerca de nuestro presente a través de una historia hasta ahora silenciada. Recuperando la memoria de luchadores argelinos y senegaleses en su mayor parte, les otorgamos el reconocimiento que merecen al haber sido también ellos quienes defendieron a Europa de la “amenaza nacionalsocialista”. Sin su contribución los valores democráticos preconizados por el bloque aliado en la II Guerra Mundial no se habrían logrado defender e imponer. Desde España y haciéndose eco de una realidad similar (los marroquíes y bereberes que lucharon en el ejército franquista) ha sido Driss Deiback el que ha filmado un documental en la misma línea: Los perdedores (2006), con buena acogida y distribución principalmente en televisión.

Tras lo apuntado es evidente el papel que el documental tiene para traer a la palestra realidades lacerantes y de motivación claramente económica. En este caso del impago de cantidades a las que tienen derecho excombatientes que arriesgaron su vida obligados por unos países que ahora les dan la espalda, se dan buenas muestras de las posibilidades combativas y de testimonio del mismo.

2. TONY GATLIF y FATIH AKIN.

Nos encontramos ante dos autores de gran talla y reconocimiento internacional que han logrado sus mayores éxitos en los últimos años. La característica que los hermana es el ocuparse del fenómeno migratorio en toda su complejidad. La peculiaridad frente a otros directores de cine que han tratado la realidad de los emigrantes desde múltiples perspectivas y abarcando un amplio espectro de temas, es su empleo de la música como vehículo a través del cual dialogar sobre problemas de identidad de las comunidades minoritarias y sobre la emigración y/o la diáspora forzada de las mismas. Asimismo, su quehacer cinematográfico nos hace reflexionar acerca del papel que el arte tiene para comunicar a seres humanos pretendidamente diferentes e irreconciliables dando a conocer otras realidades y mundos.

El alcance que logran en sus obras sobre temática migratoria (simplificando en exceso) se debe a diversos factores, entre ellos, a su peculiar y sabio manejo del relato, al conocimiento desde dentro de la realidad humana del emigrante y, en especial, a la acertada inclusión de melodías y temas musicales capaces de evocar y convocar elementos artísticos, culturales y emocionales con maestría. En esos momentos en que el diálogo parece volverse imposible es cuando la música sale al encuentro de la palabra y la imagen para rescatar al ser humano. A través de melodías, ritmos y cadencias se nos de/muestra que el encuentro es posible. En las más recientes producciones de los dos cineastas podemos apreciar la consciencia del contenido y riqueza cultural de la música; una de las marcas identitarias de mayor calado independientemente de la comunidad de origen. Porque a nadie se le escapa cómo la música es capaz de concitar el que las gentes se escuchen, obligándose irreflexivamente a ir en pos de una verdad humana más allá de ideas preconcebidas y lugares comunes. Esta capacidad de “desvelamiento” de lo musical, irracional en sí mismo en su formulación, es empleado en un mano a mano con las demás posibilidades del medio audiovisual con sensibilidad y clara intencionalidad artística por Gatlif y Akin, tal y como veremos a continuación.

A. TONY GATLIF (Argel, 1948).

La música es la libertad que me da la inspiración para hacer mis películas, la inspiración para ir al encuentro de los demás en el mundo.[11]

Este artista nacido en Argel, nacionalizado francés y de ascendencia bereber y gitana andalusí, tiene a sus espaldas una vida tumultuosa que le llevó a emigrar a los 14 años desde Argelia a Francia por la guerra de independencia y, poco después, de Marsella a Paris huyendo de un matrimonio convenido por su padre. Su producción demuestra cómo el conocido como Tony Gatlif[12] es un ejemplo de la existencia de caminos todavía inexplorados a la búsqueda de una síntesis de sonido e imagen en el audiovisual. Siguiendo esta premisa, tanto en los documentales que ha realizado para la televisión como en sus ficciones cinematográficas, demuestra la importancia que para él tiene la música en el lenguaje cinematográfico y en la propia vida.

Debido a su reconocida pasión por la música y a una cierta vocación de “heraldo” de su pueblo de origen -el gitano[13]– Gatlif ha realizado desde los años ochenta películas sobre la diáspora gitana y el problema migratorio. Sin embargo, no ha sido hasta la última década cuando su producción ha pasado a ser ampliamente conocida debido a obras de la importancia y calado de Swing (2001) y Exils (2005).

A lo largo de los años el aspecto errático del pueblo gitano los ha situado fuera del discurso dominante, que ha dado a conocer sólo en parte su cultura y costumbres. Este rescate de la cultura gitana es la que Gatlif aborda sirviéndose de su manifestación cultural más conocida y aplaudida: la música gitana.

Casi como si estuviésemos ante una “variación y fuga” de Bach o ante una improvisación jazzística (símil que le gustaría más por su pasión hacia este estilo) en las películas previamente apuntadas Gatlif permanece fiel a la tesis inicialmente propuesta en su magnífica Gadjo Dilo (El extranjero loco, 1997) donde planteaba la búsqueda de las raíces de un “extranjero” en una comunidad gitana rumana. Hasta la fecha esta es, sin duda, su obra maestra, donde ya la música es uno de los protagonistas principales del film funcionando como vínculo entre Gadjo y la comunidad y como vehículo de comprensión de realidades diversas. En sus posteriores realizaciones, la música continúa elevándose como protagonista indiscutible de los mismos, tal es el caso de la música gitana andaluza en Volver (2000), del jazz manouche[14] en Swing (2002) o de las músicas norteafricanas en Exils (2004). En todas ellas existe un interés por marcar el carácter híbrido y en continua evolución del lenguaje artístico sirviéndose de la música, así como del valor de “la música como vínculo entre comunidades distintas”[15]. Tomaremos Swing como centro de nuestro análisis puesto que las herramientas que despliega se repetirán en gran medida en Exils. No estamos ante un uso innovador de la banda de sonido en lo formal en oposición, diálogo o contrapunto a la banda de imagen pero sí de la primacía de la música que no es sino uno de los protagonistas principales de la cinta. La música manouche, inmortalizada para más amplios públicos por Woody Allen en Acordes y desacuerdos (Sweet and Lowdown, 1999) donde un magnífico Sean Penn daba vida a Django Reinhardt, es aquí la depositaria del legado vivencial, cultural e histórico de un grupo de gitanos desplazados en la época nazi que residen en la actualidad en una barriada residencial de Francia. La necesidad de adaptación al nuevo medio, la contradicción de que un pueblo nómada obligado a fijar su residencia y los problemas generacionales, encuentran su expresión a través de las melodías gitanas de la virtuosa guitarra de Tchavolo Schmitt (Miraldo en la película), de sus compañeros músicos cuando quedan para tocar o de los incipientes acordes de Max, el niño que se introduce en la comunidad y funciona como intermediario entre el pueblo gitano y la sociedad francesa más “tradicional”. La música, ese latido continuo de la película es su acierto; en el concierto improvisado en la caravana de Miraldo se juntan personas de procedencias dispares y culturas diferentes, conversando en un frenético sucederse de melodías y ritmos demostrando cómo la mezcla enriquece y el arte es un instrumento poderoso de encuentro.

Gatlif, en fin, es un revolucionario en la mayoría de su obras al posicionarse abiertamente con el sonido ante la vieja controversia que ha enfrentado a la imagen con aquel y que tradicionalmente se ha liquidado a favor de la primera. Aunque, verdaderamente, no se trata en este autor de trabajar el sonido en toda su potencialidad sino que es la música el objeto central de su atención. La música es su pasión y conoce lo que puede conseguirse con ella. En este sentido declara al hablar de Swing que “la música de los manouches es subversiva. Una música que no se aprende con los ojos en la partitura, sino con el corazón y el oído”. En su obra ha conseguido que nuestras capacidades auditivas se mantengan continuamente alerta. Frente al habitual olvido de lo sonoro en la experiencia cinematográfica a causa de un inconsciente despreocupado y entrenado para apreciar prácticamente sólo aquello que enfatice la imagen, en las películas de Gatlif se exige al espectador toda su atención. De este modo, sigue y puede llegar a comprender aquello que está contenido en la música y “es” música.

B. FATIH AKIN (Hamburgo, 1973).

Frente a la carrera de más de tres décadas de Tony Gatlif, Fatih Akin es un joven realizador que apenas tiene en su haber un puñado de producciones. Sin embargo, todas ellas son de una indudable calidad y rigor estético y ético a la hora de ofrecer un discurso coherente en su complejidad sobre las contradicciones, problemas y finalmente entendimiento entre las diferentes comunidades y generaciones de emigrantes que viven en Europa, así como de su confrontación con el lugar de origen (en este caso Estambul). Estamos, por tanto, ante una figura clave en el panorama cinematográfico europeo “entre dos aguas”[16], pues su mirada (y oído) se sitúan a los dos lados de esa frontera natural que es el Mediterráneo y que tiene su imagen natural para la importante comunidad turca en Alemania en las dos orillas que el Bósforo separa hermanándolas y cuestionando su esencia.

El rol que tiene Turquía en sus películas la convierte en una presencia constante en las mismas, apareciendo como imagen ideal, realidad urbana o espacio donde nacen y conviven músicas inolvidables y únicas. La declaración de principios que encontramos en su primer largo de ficción (Contra la pared; Gegen die Wand, 2004)[17] que revolucionó al panorama europeo al presentar los conflictos de las nuevas generaciones de turco-alemanes y su confrontación con el origen: Estambul, se da también en la reciente Al otro lado (Auf der anderen Seite, 2007) filme de más complicado tejido narrativo y menos propensa a los desajustes en su ritmo expositivo.

La música como espacio de reflexión personal, de búsqueda del sentido de la identidad propia y de desarrollo de las potencialidades propias sin negarse a uno mismo es uno de los motivos repetidos en sus obras. No nos extraña, por tanto, el sentido homenaje que de las músicas de Estambul ha hecho en su fuertemente evocativo documental Crossing the Bridge: The sound of Istanbul (2005). En éste recorre espacios de la grandiosamente humana ciudad que es Estambul, guiándonos en un deambular en el que las diversas músicas de la ciudad nos sirven de acompañantes explicándonos una historia urbana hecha de sonidos y seres humanos. La riqueza inmensa de sus melodías, tonos y músicos no deja de sorprender al extranjero acostumbrado a escuchar siempre la música “domesticada” que le ofrecen los uniformizadores Media en todo el planeta. Desde el hip-hop al rap, pasando por la música tradicional turca revisitada, el rock, lo gitana o los músicos callejeros… todo es Estambul, como lo son también sus autores. Las conversaciones con ellos desgranan, a través de lo musical, temas tan pertinentes como la cuestión turca, la ambivalente posición del país entre Europa y Asia, los conflictos de los diferentes grupos sociales y culturales… tal y como dice al inicio el guitarrista alemán Alexander Hacke, alter ego de Akin: „vengo a grabar los sonidos de esta ciudad que me fascina para capturar su sonido y entenderla mejor“. Lo intenta con todas sus fuerzas pero deberá acabar reconociendo que „no ha conseguido ir más allá de la superficie, pero enamorándose de la música de Estambul“. Pues al final ésto es lo que queda: un amor por músicas increíbles y por la ciudad que las ha hecho posible… un canto a la convivencia y al arte. No en vano las palabras de la última canción que escuchamos son:

„Si al menos fuera un ruiseñor, que habitara en tu jardín,

todas las canciones las cantaría para tí.

No le quedarían fuerzas a mi alma

para hacer la guerra“.

La claridad expositiva de este documental en cuanto a su propósito (dar a conocer los sonidos de Estambul cruzando el puente y llegar a lo que no es Europa) es la melodía latente o evidente de sus obras de ficción. La incomprensión entre generaciones de emigrantes tiene siempre a la música como contrapunto de lo visual. En Contra la pared, los excursos anti-narrativos del grupo que toca en la orilla del Bósforo melodías tradicionales turcas no hace más que evocar el país y la comunidad de origen, demostrando los problemas de adaptación de los emigrantes y las diferentes maneras de enfrentarse a la existencia de unas raíces que no se pueden ocultar. El viaje final de los protagonistas a Estambul nos da claves de identidad, sin embargo, en los momentos de mayor carga emotiva y narrativa la música no aparece, funcionando como un rumor que nos dirige de manera inconsciente. Diríase que el director tiene una personal banda sonora que ha optado no emplear para connotar imágenes y personas, logrando un contrapunto fuertemente evocador entre la narración de ficción y los momentos musicales  antinarrativos intercalados.

En el que es hasta la fecha su último largo de ficción[18], Al otro lado, Fatih Akin compone un puzle de historias y personajes en el que lo musical queda diluído en una potente trama de múltiples hilos y enlaces pretendidamente casuales en sintonía con las conocidas producciones firmadas por Guillermo Arriaga[19]. Para desplazarnos de „uno a otro lado“ no se sirve en ningún momento de la música. Esta opción estilítica sorprende teniendo en cuenta su anterior producción. Sin embargo, no está quizás sino otorgando un connotado sentido a esta decisión de permanecer en silencio. Salvo la canción que suena en la primera y penúltima escena (la misma repetida para mostrar cómo el resto de la cinta le ha otorgado sentido en clara referencia a las estrategias narrativas de Arriaga) el resto de la película se caracteriza por una falta de apoyo en lo musical. Salvo la música que suena en los pubs de la noche de corte rock alemán sin referencia alguna a lo turco, no recurre como en los filmes antes anotados a melodía alguna extra o diegética.

La presencia de la música puede ser potente, pero no lo es menos su consciente ausencia: ¿acaso está queriendo hacernos notar y valorar la importancia de la música renunciando premeditadamente a ella? La potente fuerza narrativa verbal y visual de la que hace gala Akin en esta obra opresiva e intimista, donde la pulsión de amor y muerte es su tema principal y su origen, se sitúa en un plano de reflexión tal que impide cualquier pequeño disfrute que derive de una melodía.

Esperando a ver qué rumbo toma en su próxima película algo es evidente: la música será o no será pero estará presente, definiendo identidades, componiendo historias y ofreciendo nuevas realidades.


[1] George STEINER, ERRATA. El examen de una vida. Siruela, Madrid: 2001.

[2] El análisis deductivo de películas que no se ocupan directamente del fenómeno económico no interesa en este caso.

[3] Nótese la ironía de este concepto cuando, en su inmensa mayoría, los países receptores no muestran más que rechazo e incomprensión hacia sus nuevos habitantes.

[4] Independientemente de su motivación más inmediata como puede ser la brutalidad de una guerra, un desastre ecológico y tantos otros casos posibles.

[5] Término familiar que se aplica a los descendientes de los emigrantes del Norte de África instalados en Francia. “La palabra beur con que se hace referencia a los descendientes de la primera generación de inmigrantes magrebíes en Francia procede de la inversión de la palabra a-ra-beu que se convierte en beu-ra-a y luego en beur. Este apelativo ya reconoce implícitamente el complejo estatuto de unos habitantes de Francia, nacidos o cuando menos criados en el país, incluso nacionales franceses en muchos casos, pero que incluso sin haber emigrado ellos mismos no dejan de estar vinculados al hecho migratorio, heredado de sus padres, los auténticos inmigrantes”. En MONTERDE, E., El sueño de Europa, cine y migraciones desde el Sur. Festival de Granada Cines del Sur, Junta de Andalucía y 8 y ½, Madrid: 2008. Nota 20, p. 39.

[6] Nació en Argel en 1948, donde pasó su infancia. Debido a la guerra de la independencia tuvo que emigrar a Francia, país en el que reside permanentemente.

[7] Fatih Akin, conocido sobre todo por sus películas de ficción, ha realizado un bello ejercicio documental sobre los sonidos de Estambul en 2005 (Crossing the Bridge: The sound of Istanbul). Esta obra nos servirá para, comparando las estrategias que despliega en el mismo con las de sus ficciones, entender con mayor detalle las posibilidades de ambos formatos.

[8] En la estela del primero.

[9] II Guerra Mundial y Guerra Civil española.

[10] En MONTERDE, E., El sueño de Europa, cine y migraciones desde el Sur. Festival de Granada Cines del Sur, Junta de Andalucía y 8 y ½, Madrid: 2008. P. 45.

[11] Entrevista a Tony Gatlif, “extras” de la película Swing (2002). Divisa Home Video, 2005.

[12] En realidad Michel Dahmani.

[13] La peculiar situación del pueblo gitano dentro de Europa no ha cambiado sustancialmente a lo largo de los años. Como acertadamente apunta Ien Ang, los gitanos son “uno de los “otros” más antiguos dentro de las fronteras europeas, un grupo de gente cuyo estatus inferior no ha cambiado en siglos, debido a que no forman o pertenecen a una “nación””. Ien Ang,  ‘Hegemony-in-trouble: Nostalgia and the Ideology of the Impossible in European Cinema’, en D. Petrie (ed.). Screening Europe: Image and Identity in Contemporary European Cinema, British Film Institute, Londres: 1992. P. 29.

[14] Institucionalizado por guitarrista Django Reinhardt y el violinista Stéphane Grappelli.

[15] Entrevista a Tony Gatlif, “extras” de la película Swing (2002). Divisa Home Video, 2005.

[16] Sin embargo, el autor ha declarado en reiteradas ocasiones no ser catalogado como un director “étnico” o representante de la comunidad turco-alemana a la que pertenece sino él mismo o “en todo caso, el nuevo Scorsese”. En, entre otros, “Heimat ist ein mentaler Zusland: Solino, Scorsese und die Globalisierung”: Fatih Akin im Gespräch mit Michael Ranze, epd Film, 11 (noviembre 2002).

[17] Esta película logró el Oso de oro en el Festival de Berlín en 2004 a la mejor película y al mejor director.

[18] En 2009 se estrenó en Cannes, ganando el Premio Especial del Jurado, Soul Kitchen (2009), realmente el último largo de ficción de Fatih Akin. En España se ha podido ver en pre-estreno en noviembre en el Festival Internacional de Cine de Xixón pero todavía seguimos a la espera de su estreno comercial.

[19] En los créditos del filme de Fatih Akin aparece en agradecimientos el nombre de Guillermo Arriaga, conocido escritor, guionista, productor y director mexicano. Como guionista ha firmado películas tan relevantes como Amores Perros (2000), 21 gramos (2004), Babel (2006), las tres de las del director Alejandro González Iñárritu y Los tres entierros de Melquíades Estrada (The Three Burials of Melquiades EstradaTommy Lee Jones, 2005).

Un comentario el “Tony Gatlif y Fatih Akin: diferentes miradas a la realidad migratoria en el cine contemporáneo

  1. Social Art
    diciembre 26, 2012

    There are many free file sharing and movie download sites
    that advertise free movies. ]. Or that he hasn’t taken down his profile from the dating site yet after a few months seeing each other.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Cine, music y etiquetada con , , , .

No sólo cine africano; cultura, música, arte, literatura y cine, mucho cine…

Categorías / Categories

Archivo / Archive

A %d blogueros les gusta esto: