AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

Los clásicos olvidados de la animación: Len Lye y Norman McLaren

De mano de las experiencias ilusionistas de Georges Méliès surge en el cine de los inicios una tendencia paralela (y, en gran medida, opuesta) a la desarrollada por los hermanos Lumière. Si la de estos últimos daba preeminencia al hecho de registrar la realidad externa en continuidad sin pretender manipularla, Méliès juega con el “tiempo bloqueado”; basándose en el aspecto puramente técnico de tratarse el cine de una sucesión de fotogramas, se sirve de esta cualidad del nuevo arte para crear efectos ilusionistas (no en vano era un mago que trabajaba en un teatro de variedades). El fotograma es así exaltado y valorado en su aspecto material, lo cual van a recoger y desarrollar en la segunda década del siglo pasado las vanguardias históricas y, posteriormente, las primeras investigaciones que llevarán al nacimiento de la animación.

Dentro de la corriente vanguardista, por tanto, no nos ha de extrañar que (dejando a parte a surrealistas como Buñuel, Man Ray o una Agnes Varda incipiente, en cuyos trabajos lo subsconciente crea asociaciones visuales y mentales pero donde el referente realista del cine permanece bastante inalterado) hubiese personas que investigaron en la línea que los ”ismos” venían desarrollando en las artes tradicionales.

El cine se convierte en un campo de experimentación artístico paralelo al del arte contemporáneo reconocido en los aspectos que más interesaban por aquel entonces: abarcando de los puramente visuales o cinéticos hasta llegar a los conceptuales o puramente abstractos, entre otros. Representantes destacados de tal investigación en el cine son, en lo abstracto: Viking Eggeling (suyo es el primer film abstracto de la historia del cine y su único trabajo: Diagonale Symphonie, 1921-24), el cual tiene como verdaderos continuadores en esta línea de experimentación a Hans Richter (quizás sobrevalorado), Walter Ruttman (con sus inolvidables obras Opus I a IV, realizadas de 1921 a 1924) y Oskar Fischinger. Este último gran experimentador que iniciará el trabajo que mezcla –gracias a la técnica del sonoro óptico que había surgido en 1927- la música y lo animado, como queda patente desde finales de los años 20 con sus Studien, precursores de los videoclips en su técnica de unir imágenes a una melodía aceptada por un público amplio, tal y como sucedía con sus trabajos: bien distribuídos y conocidos por un notable espectro de personas.

Sin embargo, el gran paso en esta búsqueda de efectos artísticos en el soporte de la película, no sometidos directamente al mandato de la narración o la ficción convencionales lo dan, apenas una década después, dos experimentadores activísimos y revolucionarios en este campo: el neozelandés Lye Lie (que pinta directamente en la película material, con obras tan relevantes como Kaleidoscope y Rainbow dance en los años 30) y el británico Norman McLaren, revolucionario al crear la “pixillation”, que tanta acogida tendría después en el cine de efectos especiales y en el de animación. Aunque muy diferentes en sus propuestas (el primero más abstracto y ligado a lo figurativo, el segundo incluyendo el cuerpo humano como actor esencial) ambos pudieron desarrollar sus trabajo gracias a la labor de instituciones públicas como la General Post Office Film Unit (GPO) inglesa activa en los años 30 y, posteriormente, en Canadá, en el National Film Board (en activo como lugar de formación, investigación y promoción de esta tendencia).

En la actualidad, gracias a buscadores especializados como Google y a la “reina” de las páginas webs de vídeos You Tube (recién comprada por el gigante de los buscadores apenas nombrado), el acceso actual a obras durante tantos años perdidas en los archivos especializados está al alcance de cualquiera.

Estos trabajos pioneros, de los que son deudores muchísimas de las realizaciones de animación posteriores, videoclips, juegos de ordenador o creaciones publicitarias nos remiten a un trabajo basado en la perseverancia y la investigación; en la autonomía del autor (gracias a que es má barato que el cine tradicional); donde se reúnen dos artes fundamentales como son la música y la pintura, creando ilusiones visuales basadas en la concordancia o, en muchas ocasiones, el contrapunto (lo que enriquce nuestras sensaciones y puebla nuestro imaginario de significados estéticos) y donde el poder de lo mediocre encuentra uan salida en estas obras humildes, cargadas de originalidad, que parten de narraciones e historias diferentes, donde el juego y la imaginación  se encuentran a flor de piel y donde la libertad del artista parece mantenerse “algo más” intacta.

Beatriz Leal Riesco

Publicado en:

CULTURAS nº 88, Suplemento de Artes y Letras

TRIBUNA de SALAMANCA

Domingo, 22 de octubre de 2006

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Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Cine y etiquetada con , , , , , , , .

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