AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

Emigrando en el cine: realidades pan-europeas

Que la 54ª edición del Festival de Cine de San Sebastián, que se celebrará del 21 al 30 de septiembre, dedique una retrospectiva a la Emigración, no parece arriesgado sino imprescindible en un momento como el actual en el cual la temática forma parte de nuestra vida diaria no ya como telón de fondo sino como ingrediente principal.

El ciclo ha sido titulado Emigrantes en un intento de humanizar la propuesta y opta tanto por lo consagrado con películas como In this world, de Michael Winterbottom; Pelle el conquistador, de Bille August, y (para no olvidar a nuestros realizadores) Las cartas de Alou, de Montxo Armedariz, como por la proyección más arriesgada de obras inéditas de las cinematografías más diversas.

Las corrientes migratorias de oriente a occidente, de sur a norte, de zonas oprimidas a otras menos desfavorecidas, de la pobreza a la supervivencia, de la enfermedad a condiciones sanitarias aceptables, de la persecución política, racial y étnica a la lenta integración… todos estos flujos poblacionales están encontrando eco en las producciones que (generalmente sirviéndose de los escasos medios a su disposición y gracias a la libertad que brinda el formato digital con la democrática mini-DV) proliferan por doquier en países incluídos dentro del área denominada 3º Mundo. Esta realidad cinematográfica se enmarca en una tendencia en crecimiento en nuestro país (Francia o Inglaterra nos llevan la delantera por un par de décadas aunque también allí está cambiando a pasos agigantados la situación) de “dar visibilidad” a los inmigrantes. Para ello, además de actuaciones directas de política socio-económica, los medios audiovisuales resultan idóneos, simpre que sean capaces de huir de la estampa documentarística y de las imágenes efectistas bañadas de paternalismo de estirpe cristiana. Darles “voz” e “imagen” a este colectivo debería ser el primer paso a la hora de enfrentarse a un problema en el que todos los jugadores deberían poder negociar las reglas.

El organizar exposiciones (en La casa encendida en Madrid o en el CCCB de Barcelona estos días), ciclos de cine o de conferencias “especializadas”, los (en ascenso imparable) festivales de música “étnica” o de tintes solidarios, el progresivo (aunque tristemente lento) aumento de asignaturas en colegios, institutos y universidades en las que se pretende incluir culturas como la árabe o la china tan próximas pero desconocidas…; todas estas actuaciones no están logrando los objetivos propuestos (si alguna vez los tuvieron). El racismo y la xenofobia aumentan, la exclusión se siente en la calle desde todos los bandos y las únicas actuaciones efectivas que parecen ocurrírsele a los Estados es el cierre de fronteras enmascaradas por los cupos.

El séptimo arte, con todas las armas a su favor, y como hizo en momentos clave con el movimiento del Cinema Nôvo Brasileiro, con el cine guerrillero de América Latina o como lo está haciendo en la actualidad desde Oriente Próximo y todo el continente Africano, lucha contra esta situación injusta y aterradora. Este medio no puede sino continuar enfrentándose al reto que supone intentar la integración de pueblos oprimidos y míseros que llegan a nuestras fronteras, hacerse eco de las dificultades que encontrarán en su estancia en nuestros “acogedores” países europeos y, quizás lo más importante, tratar de hacer entender estas culturas “extrañas” (a nuestros ojos) para crear obras de arte reflejo de todas ellas. La inmensa riqueza que esto conlleva, las posibilidades abiertas a una renovación en las formas, las historias y la manera de narrar de nuevos realizadores que se adentran con pobreza de medios pero con unas voces potentes y personalísimas en el panorama audiovisual, evidencian la que será (ya está siendo, pero la distribución todavía es pobre) una realidad en poquísimos años: las obras cinematográficas que vendrán (si excluimos las super-producciones hiperrealistas que nos bombardearán desde las gigantescas pantallas de plasma de nuestras casas o en las más sofisticadas salas de proyección) lo harán, siempre, teniendo que cruzar muchísimas fronteras. La solución, sencilla, está en nuestras manos: crear canales apropiados de distribución en Occidente y dejar de levantar muros (ideológicos, emocionales, sociales, reales…) ya que, logrando su eliminación, se abriría un diálogo del que todos saldríamos enormemente beneficiados.

Beatriz Leal Riesco

Publicado en:

CULTURAS nº 83, Suplemento de Artes y Letras

TRIBUNA de SALAMANCA

Domingo, 17 de septiembre de 2006


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Cine y etiquetada con , , , , .

No sólo cine africano; cultura, música, arte, literatura y cine, mucho cine…

Categorías / Categories

Archivo / Archive

A %d blogueros les gusta esto: