AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

Documentales biográficos de mujeres

En la actualidad resulta complicado escapar a la dinámica del productivo “star system” hollywoodiano y acceder a obras cinematográficas de calidad desde nuestro país. Raros son los casos en los que se programan ciclos de proyecciones cuyos contenidos no estén guiados por el interés de la entidad patrocinadora de turno o por la habitual necesidad de abarcar un amplio público homegeneizado por el consumo de realizaciones de baja calidad, alto presupuesto y una larga lista de conocidos protagonistas (empezando por los actores y actrices sin olvidar a productores y directores, todos ellos elevados al Olimpo de las deidades contemporáneas).

A pesar del monopolio en la distribución, la precaria situación que nos encontramos como espectadores no refleja la realidad de una producción riquísima en determinadas geografías, variada en sus matices creativos y dispuesta a enfrentarse a convenciones y lugares comunes tristemente compartidos sin cuestionamiento. La ingente producción cinematográfica de los países que escapan a las barreras que conforma Occidente (mucho se ha hablado últimamente de Boollywood, del cine iraní o de las experiencias de los países de la Ex-Yugoslavia) son una muestra clara de las posibilidades abiertas al séptimo arte, necesitado de huir de encorsetamientos que viene arrastrando en las últimas décadas y de los que pocos han podido escapar. Sin embargo, no me propongo hablar sobre este valioso y prometedor cine de la “periferia” sino de lo que desde el Primer Mundo está realizando otro grupo descentralizado como es el de las mujeres (a pesar de todos los planes de integración, igualdad y apoyo su mera existencia confirma la enorme desiguldad todavía existente entre los sexos) con la firme intención de hacer oir su voz y obtener visibilidad a través de imágenes llenas de fuerza, sensibilidad y mucha más crudeza de la que, estereotipos de género, se creía capacitado al sexo débil.

Si nos proponemos encontrar algo de Arte (llamado) Contemporáneo que tenga interés y sea crítico hecho desde Occidente caemos en la cuenta de que buena parte de éste ha sido realizado por mujeres guiadas por un cierto espíritu combativo. En el videoarte, en los espacios más tradicionales del arte moderno como son las salas de exposiciones y los museos, en la “artesanía” que está siendo nuevamente valorada, en otras expresiones como la música, el teatro o la literatura… cada vez son más las mujeres que se toman como referencia, a las que se les otorga una voz y que demuestran su gran potencial.

En lo cinematográfico tenemos una muestra de la enorme calidad y fuerza de un trabajo comprometido en lo social, en lo artístico y, ante todo, en lo vital con el conjunto de documentales sobre vidas de mujeres de las que son sus indudables protagonistas como realizadoras, narradoras o vehiculadoras de la diégesis tradicional. La incesante discusión de estos años sobre el término documental, su replanteamiento y el hecho de la apertura del mismo, englobando las más diversas acepciones, demuestra lo fructífero del campo de trabajo que ha sido magníficamente aprovechado por las artistas femininas. La pregunta es la siguiente; ¿a qué se deben tantas obras sobre, de y “para” mujeres? Urge contruir una historia que no ha sido escrita y el medio documental permite las primeras incursiones gracias a la labor de productoras como ARTE mantenidas por políticas de países como el alemán, el inglés o el francés que, por tradición y sensibilidad, han promovido la realización de obras no de ficción en las que lo artístico ha seguido teniendo cabida cuando el fagocitador mundo del mercantilismo cinematográfico a nivel universal ha ido impidiendo muestras ficcionales similares. El problema de la escasa difusión, lo complicado que resulta acerarse a sus propuestas, la elitista etiqueta de “piezas de museo o dirigidas a estudiosos especializados” de éstas levantan un muro ante figuras tan inquietantes y provocadoras como la italiana Alina Marazzi o la danesa Rineke Dijkstra, entre muchas otras, que apenas gozan de difusión fuera de sus fronteras. La paradoja es la siguiente: son artistas que intentan luchar contra la ignorancia, la desmemoria, el desinterés por lo que se encuentra en los márgenes y en lo desconocido, por lo que se escapa de una cultura totalizadora y narcotizante. Y, sin embargo, permanecen desconocidas u ocultas por obras menores pero sencillas. Un denominador común de todas ellas es el servirse del relato (auto)biográfico puesto que lo consideran un espacio especialmente adecuado para expresarse como mujeres. Quizás sólo se trate de un primer paso que, sin embargo, es más imprescindible que necesario visto la escasísima presencia de mujeres como realizadoras en las salas de cine comercial (en nuestro país Isabel Coixet es el único caso, aislado, de un cine hecho por mujeres con una sensibilidad que se opone a la tendencia hispánica habitual). Acercarse a sus obras que no son sino sus vidas y sus recuerdos es un inestimable ejercicio de memoria en estos tiempos inhumanamente uniformizadores que corren.

Beatriz Leal Riesco

Publicado en:

CULTURAS nº 73, Suplemento de Artes y Letras

TRIBUNA de SALAMANCA

Domingo, 7 de mayo de 2006

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Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Arte, Cine y etiquetada con , , .

No sólo cine africano; cultura, música, arte, literatura y cine, mucho cine…

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