AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

BAMAKO, de Abderrahmane Sissako. África juzga al BM y al FMI.

El orden geopolítico y económico que surgió y se estableció tras la II Guerra Mundial creó dos herramientas realmente útiles para su mantenimiento y conservación: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Las consecuencias que la actuación constante del egoísta e injusto trabajo que ambas instituciones han venido desarrollando desde que naciesen como tales en 1945 (FMI) y 1944 (BM), raramente han sido criticadas o enjuiciadas a través del cine en toda su amplitud. Resulta, pues, extraño encontrar obras que lidien directamente con las consecuencias de estos organismos en manos del un Primer Mundo que los concibió como instrumentos de dominio sobre todo lo situado más allá de sus fronteras y como armas de rapiña y enriquecimiento constantes. El papel que han jugado en relación con el continente africano, evidente en el proceso descolonizador y observable en su injusticia a través de la deuda que estos países todavía mantienen han sido tratados a desde hace ya medio siglo por cineastas africanos comprometidos. Este es el aso de los pioneros Ousmane Sembene, Djibril Diop Mambety y sus seguidores (entre otros), sin embargo, se han ocupado del tema en el amplio contexto de la descolonización, la corrupción y las políticas nacionales, sin enfrentarse al mismo de manera directa u ocupando un interés no principal.

Por tanto, es cierto que se han venido realizando documentales combativos sobre el fenómeno en la línea de sus hermanos latinoamericanos con mayor o menor alcance, así como películas que indirectamente se ocupan de sus consecuencias e implicaciones (todas las películas realizadas por africanos en África e incluso las realizadas por extranjeros por mucho que éstos se puedan llegar a empeñar en ocultar la realidad). En cambio, hasta la obra maestra de Abderrahmane Sissako Bamako (2004) ningún director se había propuesto el enjuiciar a estas dos instituciones en todo su abominable actuar, consiguiendo a su vez una película de difícil clasificación tanto en lo estético como en lo formal. Su producción, considerada habitualmente dentro de un pretendido “cine de autor” (terminología todavía operativa) podría resultar de complicado acceso en un primer momento por su tempo dilatado[1], su recursos formales premeditados y conscientes, su huída de la simplificación y su gran capacidad de evocación humanamente poética. Para un espectador medio algunas de sus obras pueden resultar un reto que, sin embargo, debe absolutamente tomar. En el caso de Bamako la capacidad comunicativa aumenta gracias al discurso crítico claro y a su maravilloso savoir faire al trabajar el lenguaje audiovisual. Sissako, para este proyecto, ha optado claramente por la comunicación en detrimento de la reflexión poética de otras obras acercándose así a un público lo más amplio posible.

Excursus globalizador.

Más conocidas y accesibles para el público son producciones documentales críticas con la economía globalizada, las instituciones y estados a sus órdenes y la injusticia social en la línea de las mundialmente conocidas de Michael Moore.

Este estadounidense nacido en una pequeña localidad de Míchigan (Flint) en 1954, se inspiró en su experiencia vital en el pueblo natal para su primer documental, Roger & Me (1989), reconocido por la crítica y donde empiezan a desarrollarse las herramientas de construcción del discurso que ha empleado en todas su obras posteriores. Flint era uno de los centros de producción de la General Motors pero, en cierto momento, la multinacional, en la búsqueda de mayor rentabilidad y bajos costes de producción, trasladó la fábrica de Flint a México[2] provocando 30000 despidos cuando la producción era provechosísima. Las entrevistas infructuosas con el gerente, el humor de Michael Moore y la fuerte crítica a la política de las corporaciones, a la dura realidad humana y económica, así como a los dudosos métodos que emplea la sociedad norteamericana para seguir “progresando”, son temas que se repiten en sus siguientes películas.

Será con Bowling for Columbine (2002, Oscar al mejor documental) cuando se haga mundialmente famoso a través en este ácido ataque a la obsesión de sus paisanos por las armas. Él, que había pertenecido a la “Asociación nacional del rifle” logra momentos de extrema dureza rozando la crueldad cuando entrevista a su presidente en aquel momento: Charlton Heston. La cinta logra analizar en cierta profundidad diversos aspectos (culturales, sociales, económicos) para intentar explicar cómo se pudo producir la famosa masacre a manos de unos adolescentes en el instituto de Colombine. Fahrenheit 9/11 (2004, Palma de Oro en Cannes) es una necesaria crítica al sistema de gobierno de Bush y a su propia persona. La siguiente producción, Sicko (2007), se centró en el estudio de las fallas y fallos del sistema de salud estadounidense y en el papel que juegan las multinacionales farmaceúticas. A todo ello contrapuso de manera ejemplarizante sistemas como el cubano lo que levantó ampollas en su país. Aunque resulta por momentos más contenido se mantiene en la línea fuertemente personalizada y personificada de su autor. Su último trabajo hasta la fecha Capitalismo: una historia de amor (Capitalism: A Love Story, 2009) tiene un título suficientemente ilustrativo.

La evolución de Moore desde su pueblo natal hasta el análisis del capitalismo global a partir de los rescates millonarios que en su país se hizo de los Bancos es una trayectoria reseñable, interesante y necesaria. Si duda estamos ante un director que ha sido capaz de remover conciencias aunque dejando un indeleble regusto de “ya sabido”. Sin embargo, las críticas formales a su trabajo son necesarias llegados a este punto de la evolución del documental. Sus obras cintas pecan en dejar en la excesiva ridiculización de sus personajes y en evidenciar el funcionamiento del sistema sin ser capaces de proponer soluciones. La afirmación taxativa, la tesis paternalista y la unidireccionalidad no se nos antoja el camino más apropiado en un mundo desbordado por noticias, afirmaciones y datos. La necesidad de la sutileza no es un don de Moore.

Notable en esta línea pero con importantes diferencias que apuntaré posteriormente es la archipremiada The Corporation (2003, Mark Achbar y Jennifer Abbott). El análisis “biologicista” del funcionamiento de las multinacionales (corporaciones) se realiza a través de unos mecanismos expositivos y explicativos mucho más respetuosos con el tiempo de reflexión necesario para cada espectador, partiendo su planteamiento de provocar el cuestionamiento de la audiencia sin dar por cerrada su argumentación y reconociendo la limitación de la reflexión humana a pesar de la inmensa preparación y estudio previo al rodaje y montaje de la cinta. Mecanismo opuesto al aseverativo paternalista del americano que, a través de su propia persona-personaje, encandila a una audiencia que se deleita en el ingenio sin tiempo para preguntarse acerca de lo maniqueo de sus afirmaciones a pesar de la necesidad de su meta crítica.

En un mercado de la información y el entretenimiento saturado, en el que el ideal de hace décadas de conseguir un conocimiento planetario diversificado y unos usuarios más críticos no se ha logrado, las obras de Michael Moore se nos antojan un primer paso necesario al ser capaces de filtrarse en el sistema gracias a sus mecanismos espectaculares en la línea del show televisivo nocturno a lo Jay Leno, Stephen Colbert o Jon Stewart en USA o Andreu Buenafuente en España. Son estos formatos y “conductores” que exigen un cierto compromiso por parte del espectador obligando a reflexionar pero siempre sabia e irónicamente guiados por su director de orquesta (de ahí el término tomado del inglés: “conductor”). Con riesgo de caer en la simplificación sólo apuntar que, más allá de estos programas y películas basados en lo lúdico-espectacular son necesarias también otras obras que con el lenguaje cinematográfico ahonden en lo ético desde lo artístico, siendo capaces de comunicar no sólo desde el plano lógico, racional y didáctico sino desde el más esquivo, complejo, sutil y sugerente del cine como arte. En el caso de que los mecanismos audiovisuales se conjuguen para tal fin la obra final es un proceso de conocimiento, crítica y reflexión que va más allá del discurso retórico convirtiéndose en diálogo entre la obra de arte y el espectador, entre todos los que han realizado la película y su potencial audiencia.

Abaderrahmane Sissako: compromiso ético y estético.

La noción de crisis financiera es (también) un crimen contra la humanidad y por ello hice Bamako. [3]

Las obras de Abderrahmane Sissako son de los raros y mejores ejemplos de cómo la síntesis dialogante entre lo ético y lo estético en cine es posible.

Formado en la famosa escuela de cinematografía VGIK de Moscú, Sissako es un caso único en el panorama mundial y arquetípico del cineasta exiliado. Viviendo fuera de su país de origen, primero en Rusia y en la actualidad en Francia, adolece de una visión fronteriza o limítrofe que le permite situarse en un espacio único desde el que reflexionar sobre la realidad actual de África, de sus habitantes locales y de los emigrados y del papel que el cineasta ha de tomar necesariamente en el proceso de crítica y cambio a la insostenible situación contemporánea. Difícil de clasificar por su interesante personalidad y manera de trabajar, la mezcla entre lo poético y lo documental es una constante visible ya en sus primeros cortos rusos. Paradigmático es su  cortometraje Octubre (1993) en el que relata una imposible relación de amor entre un emigrante subsahariano en Moscú y los problemas de comunicación con su novia rusa. El diálogo es imposible en este trabajo hecho de bellas tomas en blanco y negro donde la música tiene un papel principal para marcar identidades y evocar emocionando realidades injustas e inamovibles. La crítica a Occidente y, sobre todo, las barreras entre Europa y el continente africano son evidentes y sobre ello ahondará en futuras producciones.

Ya en el formato del largometraje, realizará años después dos obras de ficción en las que rinde homenaje a su padre (de Mali) y a su madre (mauritana) de una manera bellamente poética. En el magnífico ejercicio en honor al padre que es el poema-ensayo filmado La vie sur terre (2000) la separación insondable entre el pueblo de Sokolo a punto de cambiar de milenio y la antigua metrópolis es uno de los temas que se entretejen en este ejercicio de lirismo y tributo al padre. La vida diaria en Sokolo (pueblo del progenitor) se desgrana a través de innumerables narraciones que nos hablan de la emigración, del problema del hambre por la sequía y las plagas de pájaros, del poder de los medios de comunicación a través de la radio, de la necesidad de entenderse… Este filme, parte de un proyecto colectivo para celebrar la entrada en el nuevo milenio en diferentes partes del mundo, sirve a Sissako de excusa perfecta para denunciar la situación de olvido de África por parte del “mundo civilizado” como muestra en una de las escenas en las que, en la radio, se celebra el año nuevo en París, por supuesto en francés (lengua de los colonizadores) mientras en Mali nada cambia; siguen con la sequía en aumento y con la  imposibilidad de limitar la voracidad de las hordas de pájaros que están acabando con su cosecha. La oposición África-Occidente es evidente, siendo éste último el que marca su propio ritmo sin importarle que los demás deban (y puedan) someterse a sus designios. El Primer Mundo se cierra sobre sí mismo, convirtiéndose en un profundo desconocedor de realidades como la africana que, sin embargo, no tienen más remedio que seguir lo que acontece más allá de sus fronteras. El papel que el cine ha de jugar en su continente de origen es un tema fundamental para Sissako y los instrumentos cinematográficos a su disposición se encargan, en cada momento, de corroborarlo.

La siguiente película del director es la que dedica a su madre: Heremakono (2002). Se trata de otra hermosa construcción poética que reflexiona sobre la necesidad sentida como obligación de emigrar, de los problemas de la comunicación, de la espera, de lo sueños y el amor en sus múltiples sentidos e implicaciones. Un joven llega a Mauritania (el país materno) desde Mali (nótense los elementos autobiográficos) en su camino hacia Europa. La otredad de este chico que “está de paso” se hace evidente en la falta de interés en aprender la lengua autóctona más allá de algunos términos. Paradójicamente, este joven, antes de llegar a su destino europeo, ya es en el país materno un completo extranjero (un extraño). Las bellas y humanas historias que se van sucediendo tienen una enorme carga expresiva y sensibilidad, pudiendo ser completamente autónomas pero adquiriendo mayor sentido en su unión. Esta película que son muchas obliga a contener el aliento ante la constante sorpresa de los lentos y pausados acontecimientos que se van sucediendo ante sí.

Su último trabajo hasta la fecha es Bamako (2006). Tal como he previamente apuntado es especialmente interesante[4] tanto por su tratamiento de un tema fundamental como es el de la deuda y el papel del FMI y BM en África, como por su forma fílmica: un largo de ficción que se hibrida con lo documental en el juicio abierto en un patio de Bamako (capital de Mali) por parte de la sociedad civil africana a las instituciones internacionales de la globalización, a la cabeza las dos instituciones citadas[5]. La mezcla de peroratas, réplicas y exposiciones de letrados y testigos con la vida diaria que continúa en el patio logra expresar toda la complejidad de la situación africana. El juicio se ha de interrumpir por el ritmo de la vida: una boda irrumpe de repente, se suceden días y noches, los niños van y vienen… El microcosmos de África que es el patio trasmite con fuerza la realidad presente. Gracias a esta combinación de ficción y documental sólo en apariencia (realmente es ficcional si acaso es posible hacer esta diferenciación en algún caso) su alcance es enorme, tal y como lo demuestra el caluroso y sentido recibimiento que tiene cada vez que se exhibe.

En el ritmo de la película reside uno de sus mayores aciertos. El equilibrio entre historias, narraciones, palabras, sonidos y silencios es casi perfecta. El valor de la palabra en esta obra tiene dos sentidos, tal y como afirma el director:

“El primero se refiere a la situación general en África. Sobre este continente no se habla bastante. No hay intercambio, entendido como “dos cosas que se encuentran”. África es un continente de imágenes que vemos en la televisión, de las que luego hablamos, pero en raras ocasiones escuchamos la voz del continente. Por ello, es necesario darle la palabra a África y así entender que esta gente es consciente de dónde vive y de sus circunstancias”.[6]

Otorgar o devolver la palabra a un pueblo que tiene mucho que decir, que es consciente de su situación y no están cegados por las pretensiones imperialistas del norte mundializador.

El segundo sentido se refiere al silencio, herramienta clave en su cine:

“en cuanto al silencio, es una parte de la palabra. Los discursos están puntuados por pausas y silencios y hace que lo que se diga sea más accesible. El silencio en el cine tiene una función dramática: en la relación entre lo que se dice en una película y su público. El sentido del silencio en el filme es invitar al otro a imaginar algo más pero también dejar al filme digerir lo que allí está sucediendo.”[7]

Michael Moore no puede estar más alejado en su trabajo de Sissako. La manera de construir de este último es puramente musical, en oposición a la retórica oral y visual del norteamericano. “A pesar” de las largas parrafadas de abogados y testigos en el juicio, esta película está construida musicalmente, pues no en vano el lenguaje cinematográfico es, para Sissako, un lenguaje hecho de pausas y donde el ritmo es el soplo de vida del mismo. Determinadas escenas musicales puntúan la película y cargan de sentido pausas y silencios. Las palabras pueden ser demasiado pesadas y Sissako encuentra el punto medio adecuando entre unas y otros[8].

En esta línea, son las breves apariciones musicales las que organizan la película. La chica protagonista de la historia humana principal (la separación de una pareja y el suicidio del hombre, desencantado de la vida) canta en un bar por la noche la misma canción contemporánea y llena de sentimiento al inicio y al final de la cinta. En su primera aparición todavía desconocemos la historia (la propia y la del juicio al dominio de las multinacionales y a otros poderes mundiales) por lo que escuchamos y vemos una bella melodía perfectamente interpretada por una hermosa joven. Nuestra reacción frente a la misma canción al aproximarse el final de la obra ha cambiado y a las lágrimas de la intérprete se unen las nuestras: sabemos y hemos vivido la horrible situación que el mantenimiento de la deuda externa por parte del FMI y el Banco Mundial tienen en África y nos hemos aproximado al durísimo quehacer diario de sus habitantes.

Asimismo, la aparición de un personaje que desde el principio “quiere hablar” y sólo lo logra al final es fundamental y marca otro momento crucial del metraje. Al principio hace una tajante afirmación que resonará en nuestros oídos: “La cabra tiene ideas, pero también la gallina”. Es evidente quien es quien en esta frase y cuando, finalmente este hombre mayor[9], tras haber intentado infructuosamente hablar desde el inicio del juicio, puede testificar deja “sin palabras” a todos los asistentes y a los que escuchan a través de amplificadores en el exterior. La decisión de no doblar esta parte, canto del alma que llora, es totalmente acertada: no es necesario saber qué dice para entender a este viejo desesperado; estamos ante la voz de la verdad, del pueblo y de la lucha contra la injusticia hecha presente a través de la música tradicional en un mundo que le da la espalda al pueblo africano. Estamos sin duda ante “un llanto del corazón”[10]. De esta manera tan directa se denuncia sin concesiones sensibleras los “males endémicos“ que sufre África a raíz del colonialismo feroz suplantado por la neocolonización del mundo globalizado. En ocasiones, determinadas formas rituales de expresión musical y de danza son las más adecuadas para criticar contenidos obsoletos que se habían perpetuado a lo largo de los años y ante los que hay que luchar y enfrentarse. Y, en otras ocasiones, sirven al espíritu tradicional de la vida africana antes de la colonización y la globalización que ha impedido e impide prosperar a estos pueblos (léase deuda externa, explotación abusiva de sus ciudadanos, engaño en el uso de determinadas semillas exterminadoras y genéticamente tratadas para acabar sistemáticamente con las cosechas autóctonas y ecológicamente sostenibles, etc…).

El objetivo último de esta película reside en otorgar la palabra al silenciado continente africano, sólo visibilizado a través de los Mass Media de una manera parcial y paternalista pero carente de voz real. La riqueza en manifestaciones artística y culturales y el profundo proceso de cambio en el que está inmersa África se logra transmitir a través del uso consciente del dispositivo cinematográfico en todas las películas de este autor.

Película imprescindible, escapa de las simplificaciones al uso Norte-Sur, de un énfasis interesado en la corrupción de los actores locales[11] y de las manidas opiniones sobre la globalización. A través de ideas sencillas de gente corriente, opuestas a ampulosas demostraciones de retórica de abogados y testigos profesionales, Sissako muestra la realidad africana en toda su complejidad, tomando ángulos diversos que consiguen transmitir el dolor, la crítica y la esperanza. El director fue presidente del 60 Festival Internacional de Cannes, entrevistado por tal motivo por Olivier Barlet para Africultures[12], declara abiertamente la obligación de combate del cineasta, la necesaria actitud crítica en su trabajo artístico, inevitablemente supeditado a lo ético. La razón es que “combate” del cineasta no es

“el combate del análisis constante de una cosa. El verdadero combate de un cineasta es su existencia en el tiempo como cineasta[13]. Es necesario reflexionar si hemos hecho todo lo posible para hacer películas. El día en el que se dé un análisis sincero (…) comprenderemos muchas más cosas”.

Este análisis, este trabajo crítico que todavía se ha de hacer es una obligación y una responsabilidad de los cineastas. Continúa Sissako:

“Tenemos siempre la tendencia de buscar responsabilidades en los demás. La responsabilidad es siempre “nuestra” (…) compartida. Creo que esta parte de responsabilidad no está totalmente asumida. Existen imágenes (…) pero falta el análisis adecuado”.

Bamako en concreto y toda su obra en general no es sino la demostración de que es posible un trabajo crítico en lo artístico. Películas como estas representan un soplo cálido que nos atrapa y nos obliga a posicionarnos, a pensar, a conocer lo oculto sin oprimirnos con bombardeos visuales y/o de contenido. En fin, bellos ensayos poéticos para los hombres y mujeres del presente.


[1] En realidad un tempo realista y no basado en la precipitación de ciertas obras contemporáneas basadas en la rapidez en todas sus fases: guión, rodaje y montaje.

[2] En línea con la política de los USA que daría lugar años después a la firma y ratificación  del Tratado de Libre Comercio de 1994 (TLC o NAFTA) dando lugar, entre otras, a la economía fronteriza mexicana con las maquilas y una de sus consecuencias más duras y visibles: los asesinatos de Ciudad Juárez, la pobreza, la inhumanidad de las condiciones de vida en la zona y el mantenimiento de lacerantes injusticias sociales.

[3] Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[4] E incluso me atrevería a decir que única en el panorama cinematográfico actual e histórico.

[5] Sobre este aspecto volveré más adelante.

[6] Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[7] Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[8] Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[9] Realmente estamos ante el famoso músico y cantante del occidente africano: Zegué Bamba.

[10] Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[11] Abdeharrame Sissako: “Cuando desde los Mass Media se habla de África se habla más de la corrupción que de la responsabilidad del Banco Mundial. Yo quería hablar de lo que no se habla habitualmente; sobre la responsabilidad de estas grandes instituciones.” Videoconferencia del director en el 55th Robert Flaherty Film Seminar, “Witnesses, monuments and ruins”, Universidad de Colgate, Hamilton, NY. 26-29 de junio de 2009. Apuntes y traducción de la autora.

[12] Olivier Barlet, “”LE TRAVAIL CRITIQUE N’EST PAS FAIT”, entretien d’Olivier Barlet avec Abderrahmane Sissako, jury au 60e festival de Cannes. Africultures, 2007. http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=5958 (última consulta: 31/01/2010).

[13] Léase la manera de trabajar de Moore y otros en su estela clásica y aseverativa.

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Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Arte, Cine, music y etiquetada con , , .

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