AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

LAS 10 MEJORES PELÍCULAS AFRICANAS DEL 2011

A punto de terminar el año y viéndome bombardeada como lectora por esas listas de “las 10 mejores…” no me resisto a hacer una: ¿y qué podría tener más sentido en este blog que “las 10 mejores películas de cine africano”?

Es indudable que el año que acaba ha sido especialmente generoso con las cinematografías que se engloban en eso que los críticos y estudios del tema seguimos llamando “cine africano”. No sólo se ha producido un aumento notable en la producción del continente, sino que su distribución ha mejorado, llegando a un mayor número de pantallas internacionales, con la novedad de que muchas de ellas no se han encendido esta vez como parte de los numerosos festivales de cine africano que inundan Occidente. Asistimos, además, esperanzados a nuevas alianzas Sur-Sur entre directores, productores y distribuidores, las cuales no parecen ir en detrimento de mayores colaboraciones (y más respetuosas) desde el Norte. El papel destacado que Sudáfrica y Nigeria han venido adquiriendo en fechas recientes ayuda a imaginar un futuro más benévolo para este cine, liberado de las restricciones que se le venían imponiendo desde fuera de sus fronteras. El impulso que desde Marruecos y Oriente Medio se está dando al mundo del cine en este momento convulso de su historia y de reconfiguración del mapa geopolítico global es otro aspecto a tener en mente para comprender la producción cinematográfica que se desarrollará en los próximos años.

Reconozco que se me han adelantado desde el blog “Africa is a Country” en la lista de las 10 películas más destacadas del año. Sin embargo, el artículo de Basia Lewandowska Cummings[1] me permite establecer un diálogo con la selección de la autora, enfatizando obras y proponiendo otras porque: ¿no es parte fundamental de estas listas la subjetividad del que las confecciona? La frescura y originalidad de algunos de sus elementos las hacen más atractivas, trasluciendo esa parte única que tenemos cada uno y que se liga incuestionablemente al gusto y la experiencia personales. Para empezar, yo también me permitiré la libertad de incluir algunos filmes que se realizaron en el 2009 o 2010, pero que no han alcanzado difusión hasta el 2011. Duele reconocer, asimismo, que me repetiré más de lo que querría dada la escasez numérica de la producción cinematográfica africana, a lo que debo añadir la imposibilidad de ver alguno de sus títulos más celebrados. Entiéndase en este sentido la repetición de títulos a causa del exiguo marco de partida y su precaria difusión. Coincido en incluir cortometrajes, largos de ficción y documentales, sin dar prioridad a género o formato, debido a la vibrante y variada producción audiovisual que está surgiendo en África, gracias en buena medida a la libertad del formato digital y a la urgencia de sus cineastas a la hora de contar historias únicas y con diversos lenguajes.

Como soy consciente de la dificultad de acceso que tiene esta cinematografía para el público mayoritario e incluso el especializado, he incluido algunas obras que por temática e intención son africanas aunque no lo sean por autoría o lugar de realización. Permítaseme esta licencia en aras de una más compensada muestra del cine africano que ha sido accesible para una audiencia no especialista en este 2011, hecho que demuestra cómo el cine africano está empezando a hacerse con un espacio mayor en el interés de los espectadores.

¡Pongámonos ahora manos a la obra!:

UN HOMME QUE CRIE, Mahamat Saleh-Haroun (Chad/Francia/ Bélgica, 2010).

No puedo empezar esta lista de otra manera. Ha sido la revelación de la temporada y ha barrido por donde ha pasado. Una obra maestra ante la que han rendido sentido tributo público y crítica desde Cannes hasta FESPACO. La nueva cinta del chadiano Mahamat Saleh-Haroun sigue en la línea de reflexión de obras previas, en las que analiza la relación padre-hijo y el peso de la violencia endémica en Chad durante décadas. Sin ánimo de proponer respuestas a una situación insostenible, ofrece su visión personal, poética y moderna, digna de un “autor” ya reconocido a nivel internacional. Alegra imaginar que, con las medidas tomadas recientemente a favor de un desarrollo del cine en África, pronto no sólo serán Haroun o Sissako los únicos que alcancen el éxito en los grandes Festivales y en el circuito cinematográfico global.

PUMZI, Wanuri Kanhiu (Kenia/Sudáfrica/USA, 2009).

Cortometraje de ciencia ficción y adaptación libremente africana de El viaje de Logan. No me cansaré de ensalzar sus virtudes: un presupuesto irrisorio no tiene por qué ir en detrimento de la calidad de una película que cuenta tanto con los efectos especiales. La testarudez de una gran directora da sus resultados. “Sólo” es necesario mantener la coherencia en la puesta en escena, partir de una buena idea y conocer en detalle el lenguaje cinematográfico. Si a esto unimos la colaboración con técnicos que hacen de la escasez virtud, obtenemos como resultado Pumzi; para no perderse y a disposición de cualquiera en el DVD colectivo “African First-Volume 1” editado por Focus Features (accesible online desde hace un par de meses).

THE ATHLETE, Rasselas Lakew and Davey Frankel. (Etiopía/USA, 2009).

Los biopics sobre grandes personajes de la historia africana son todavía escasos. Para la construcción de la identidad (sea ésta nacional o panafricana, y sin entrar en matices, necesarios si quisiésemos desarrollar el tema) un paso indiscutible es que la población pueda recurrir a símbolos propios, dado que a ésta se le privó de referentes autóctonos durante décadas. Es el caso de Abebe Bikila, corredor de maratón etíope de talla mundial, gracias al cual recorremos la historia de su país en el siglo XX, en un largometraje que se sirve de una bella cinematografía y una contenida interpretación. Tristemente, los autores  han seguido con demasiada fidelidad los cánones más hollywoodienses del género. Sin embargo repito: aún son necesarias estas películas en África, y esperamos ilusionados el Fela de Steve McQueen, si es que alguna vez llega a terminarse…

WITCHES OF GAMBAGA, Yaba Badoe (Gana/UK, 2011).

Documental que expone sin falsa emotividad o juicios precipitados y simplificadores la realidad de ostracismo, crueldad, violencia y estigmatización a la que se ven relegadas muchas mujeres en Gana, provocada por un sistema social que se sirve de la brujería para liberarse de ellas. Interesante trabajo de colaboración durante cinco años entre la comunidad de “brujas” y las activistas a favor de los derechos de las mujeres, cuyo resultado es un retrato íntimo y duro que sigue la tradición de obras pioneras de las cineastas africanas Safi Faye, Sarah Maldoror o Anne-Laure Folly, y fruto de esta solidaridad entre mujeres que, sin buscar la visibilidad, ayuda a cambiar las verdaderas injusticias del mundo.

KINSHASA SYMPHONY, Claus Wischmann y Martin Baer (Alemania, 2010).

A pesar de haberse estrenado el año anterior, este 2011 ha sido el de difusión a nivel planetario de este documental sobre la única orquesta sinfónica hasta la fecha en África central. Realizado desde Alemania por autores locales, tiene la virtud de servirse de la amplia tradición musical congoleña y de su éxito internacional para mostrarnos la vida de algunos de los habitantes de su capital, Kinshasa, de una manera respetuosa y sencilla. Sin grandes alardes de experimentación formal, este documental se convierte en un documento apto para todos los públicos en la línea de la creciente producción de documentales sobre manifestaciones y tradiciones musicales en todo el planeta. (Para profundizar, ver mi artículo “Kinshasa Symphony y La vie este Belle”:  http://africaencine.com/2011/12/10/kinshasa-symphony-y-la-vie-est-belle-treinta-anos-de-musica-y-cine-en-la-metropolis-congolena/).

VÉNUS NOIRE, Abdellatif Kechiche (Francia, 2010).

Después de sus más que interesantes Cuscús, La faute à Voltaire y L’ esquive, el director tunecino beur Abdellatif Kechiche se enfrenta ante la complicada misión de dar vida a Saartjes Baartman, una joven sudafricana que en 1808 viajó por las grandes ciudades europeas como parte de un espectáculo en el que se mostraban de manera racista y denigrante sus peculiaridades anatómicas. Nominada al León de oro en Venecia y con el valor añadido de haber descubierto las dotes como actriz de la cubana Yahima Torres, es una película que sin duda será referente en años venideros por el reto que supone tratar de contar esta historia traumática del pasado colonial, cuyos coletazos seguimos viviendo en la actualidad. Hacerlo sin escatimar momentos de extrema crueldad para un público al que se considera maduro y reflexivo, evitando edulcorar el tratamiento de escenas y sin caer en la piedad, son elementos que la hacen merecedora de un espacio en esta lista.

SOLO ANDATA, IL VIAGGIO DI UN TUAREG, Fabio Caramaschi (Italia/Níger, 2010).

Cómo (re)presentar culturas ajenas siendo lo más objetivos (si esto fuese posible…) a la realidad y sin abundar en el paternalismo, es uno de los problemas que se siguen cuestionando antropólogos y documentalistas en la actualidad, y que ha sido objeto de reflexión y encendido debate en tierras africanas ya desde que, hace más de medio siglo, Jean Rouch filmase en el oeste del continente. El italiano Caramaschi sale victorioso del reto planteado como punto de partida; retratar a una familia de emigrantes tuaregs en Italia. La herramienta, que funciona a la perfección, es entregar la batuta (la cámara) a uno de los hijos de la familia quien, en colaboración con el director, será el que entreviste a familiares, amigos y conciudadanos, eliminando la distancia del analista y provocando la reflexión sincera y “directa” acerca de diferencias y similitudes en la complicada vida de los africanos en la diáspora europea.

RESTLESS CITY, Andrew Dosunmu (USA, 2011).

Producción de la diáspora subsahariana en NYC. De incuestionable calidad pictórica y medida composición en cada plano, redunda en una estetización de la imagen que puede llegar a ser tediosa. Sin embargo, no llega a empequeñecer la historia de un joven emigrante senegalés en Brooklyn y cómo su vida se ve complicada por la aparición de una mujer en escena. Narración del más puro cine Indie americano, premiada en Sundance y del gusto de aquellos que aún se dejan sorprender o adular por las composiciones fotográficas cuidadas y la ropa vintage. Importante en cuanto no se dejar llevar por modas temáticas o formales, pero demasiado obsesionada en colgarse el título de “artística” en sus créditos. Eso sí, es muy agradable de ver y se apoya en una magnífica interpretación de protagonistas y secundarios.

VIVA RIVA!, Djo Munga. (Rep. Dca del Congo/Francia/Bélgica, 2010).

A pesar de que sus cualidades formales no son especialmente resaltables, por el éxito y recepción recibido a nivel internacional, tan escasas todavía para cintas africanas, merece un alto y sentido reconocimiento. Esta historia de amor, sexo y violencia abre el camino para que el cine africano no sólo sea conocido por sus incuestionables cualidades artísticas y experimentales, sino por ser capaz de producir obras más comerciales que satisfagan al público local y al de la diáspora, y que logren una conexión con las audiencias foráneas. Entretenido largometraje de ficción que tiene la virtud de acercar la vida en el Congo, gran desconocida,  a cualquiera que acuda al cine como mero entretenimiento.

LE HAVRE,  Aki Kaursmäki (Finlandia/Francia, 2010).

Algunos (¿con razón?) se preguntarán qué hace una película finlandesa como guinda a esta lista. Podría justificarlo de manera larga y tendida por el placer de explayarme sobre una de las mejores películas de este año; legitimada por haber recibido en Cannes el premio de la crítica internacional y cuya paternidad es la de uno de los mejores directores actuales; por ser la primera de una trilogía sobre ciudades portuarias europeas cuya siguiente entrega tratará ni más ni menos que de ¡un barbero de Vigo!; por se un filme capaz de tratar con humor y poesía las duras condiciones de la emigración africana en Francia y la solidaridad humana más pura… podría anotar también, a manera de esos cinéfilos pedantes, que uno de los protagonistas se apellida Saleh-Haroun y podría seguir así horas y horas porque he tenido el placer de verla recientemente y sus imágenes y diálogos se han quedado grabados, intuyo ya que de forma indeleble… La recomiendo fervientemente, y ojalá otras críticas como ésta aparten de su reconocida “vagancia existencial” a Kaurismäki para que no tengamos que esperar otros cinco años hasta que nos agasaje con una película tan maravillosa como ésta…

Beatriz Leal Riesco

Philadelphia (23/12/2011).


[1] “The Top 10 African films of 2011”, Basia Lewandowska Cummings:

http://africasacountry.com/2011/12/20/top-10-african-films-of-2011/

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Esta entrada fue publicada en diciembre 24, 2011 por en Cine y etiquetada con , , , , , , , .

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