AFRICAENCINE

Para los amantes del cine y la cultura africana…

El otro lado del estrecho: Melilla, paradigma de ciudad-frontera

RESUMEN

Melilla, a la vez Sur y Puerta de/a una Europa que se ha blindado a la emigración, segregándose de otras culturas mientras se negaba a sí misma es, ante todo y en primer lugar, el paradigma de la ciudad-frontera; espacio donde aspectos humanos, geoestratégicos, religiosos y de género se cruzan y componen la realidad diaria de las voces y rostros que la pueblan. Este enclave multicultural, donde separación y convivencia funcionan como las dos caras de una misma moneda, es un lugar privilegiado que, hasta hoy en día, ha sido silenciado o mostrado parcialmente por los medios de comunicación, olvidado por las instituciones y relegado en los estudios académicos. Se ha ofrecido, por tanto, una visión sesgada de una ciudad que es muchas y que compone un crisol de realidades y experiencias únicas sintomáticas de las contradicciones del mundo contemporáneo.

Los directores melillenses contemporáneos Driss Deiback -Natural de Melilla (2002), La última frontera (2004), Las Melillas (2007)- y Moisés Salama –Melillenses (2004)-, entre otros, se sirven de las posibilidades que les ofrece el lenguaje documental para, con estrategias distintas, mostrar las “Melillas” ocultas tras el discurso homogeneizador imperante; “Melillas” que problematizan cuestiones diversas ofreciéndonos propuestas. Éstas, tanto por el paradigmático escenario donde se desarrollan como por la connotada identidad de sus moradores y autores (Deiback de origen musulmán y Salama judío) resultan testimonios y documentos claves de la producción cinematográfica contemporánea de “la otra orilla” a través de los que, no en vano, han sido definidos tradicionalmente como “cruzadores de fronteras”.

INTRODUCCIÓN

Hoy en día estamos asistiendo a un aumento del número de películas sobre las relaciones de África con Europa y, en especial, del fenómeno migratorio. Estas producciones, generalmente con una clara temática social, se ocupan de diversos aspectos de esta realidad desde ambos lados del estrecho, ofreciéndonos unos documentos extraordinarios de análisis del presente[1]. Todas estas obras escapan de clasificaciones al uso nacionales o continentales y  se habrían de enmarcar dentro de un cine “mediterráneo”, término que ahonda en las relaciones entre las culturas y civilizaciones bañadas por el mar Mediterráneo, en detrimento de análisis reduccionistas y limitadores basados en oposiciones religiosas o políticas[2]. Los documentales que estudiaré se encuadran aquí.

Según la profesora Eva Lapiedra, entre las dos orillas del estrecho (al-´idwatayn) existe una historia conjunta que nos cuenta que, hace siglos, “estuvieron unidas y separadas al mismo tiempo por las aguas de un estrecho mar que en ocasiones fue frontera y habitualmente lugar de continuo tránsito en ambas direcciones y cuyas historias son difícilmente separables”[3]. En la misma línea, Braudel apunta que “el “canal” mediterráneo nunca actuó como barrera entre España y el norte de África, sino más como un río que unía más que dividía”[4]. A pesar de que ambos se refieren a tiempos pasados, en la actualidad, la situación no ha variado en lo esencial. El estrecho sigue funcionando en ocasiones como frontera y siempre como lugar de comunicación entre los habitantes de las dos orillas. Melilla, a la vez Sur y Puerta de/a una Europa que se ha blindado a la emigración, segregándose de otras culturas mientras se negaba a sí misma es, ante todo y en primer lugar, el paradigma de la ciudad-frontera; espacio donde aspectos humanos, geoestratégicos, religiosos y de género se cruzan y componen la realidad diaria de las voces y rostros que la pueblan. Este enclave multicultural, donde separación y convivencia funcionan como las dos caras de una misma moneda resulta, por tanto, un espacio privilegiado en el que estudiar la construcción de identidades que, obligadas a coexistir, se han ido redefiniendo. Entender y estudiar estas identidades cambiantes, opuestas o complementarias, es un ejercicio contra estereotipos reduccionistas, tarea que las obras que estudiaré tienen como uno de sus objetivos principales.

Melilla es uno de los enclaves marítimo españoles en territorio marroquí, con una pujante población procedente del país vecino que ve coexistir en sus 14 kms2 a casi 70.000 personas de diversa procedencia y cultura. La comunidad musulmana en ascenso ha de convivir con la europea-cristiana, con una pequeña comunidad judía y con otras comunidades minoritarias como la hindú o los “sin papeles” en tránsito a Europa. Estamos, por tanto, ante una ciudad única y paradigmática por varios motivos. Además de por su peculiar situación geográfica, se trata de una de las muestras más lacerantes en el presente de la compleja historia entre España y Marruecos. Los acontecimientos trágicos y los más hermosos se han sucedido sin tregua, reposando “las miradas de unos y otros en un vaivén dialéctico de acercamiento y distanciamiento”[5]. Estas fluctuantes relaciones han provocado que las identidades continúen en un estado de cambio y renegociación al entrar en contacto unas comunidades con otras.

Desde la visión española, Melilla ha sufrido una redefinición continua de su identidad como ciudad-autónoma ligadas a su contacto marroquí. Aunque una cierta “lógica natural” basada en la “reconquista religiosa” de los territorios del norte de África se invocó a finales del siglo XIX y XX para invadirlos, la verdadera razón por la que España se vio avocada a principios del siglo pasado a situarse en una zona de Marruecos, no fue otra que la de funcionar de colchón entre las otras dos potencias hegemónicas coloniales: Francia y Alemania. Tuvo para ello que enfatizar su política de apropiacionismo del norte africano y, a pesar de la oposición de socialistas[6], la expansión militar se llevó a cabo. En este caso, las razones económicas eran preeminentes y el papel de Melilla en esta historia central: allí se funda la primera compañía minera en la región del Rif en 1907 y, en 1921, con la derrota de Annual, se le reconocerá su personalidad jurídica adentrándose en África y estableciendo un emporio comercial y mercantil. El poder de la casta de militares reaccionarios llamados “africanistas”, llevará años después a la ciudad a ser “adelantada del movimiento” franquista. La represión que se sufrirá en todos los ámbitos en la época del Protectorado español en Marruecos todavía hoy muchos melillenses-españoles la querrían recuperar. La gloria pasada, visible en los símbolos franquistas todavía en pié, se hace evidente en una Melilla que no es sino una “ciudad-cuartel” tal y como uno de algunos de los personajes de nuestros documentales nos harán ver. Esa ciudad cuartel, antaño enclave fundamental de intercambios comerciales, está hoy en decadencia. A ese signo identitario que fue y sigue siendo la militarización, se añade hoy la realidad fronteriza de Melilla a raíz del tratado de Schengen. Fue entonces cuando la Unión Europea decidió blindar sus fronteras y Melilla, lugar privilegiado de tránsito, vio cómo sus límites se cerraban con una alambrada que crece cada año. En la actualidad, Melilla es una paradigmática ciudad-frontera contemporánea con un  tráfico humano y de mercancías legal e “ilegal” que es una presencia continua de un lado al otro de la frontera. Los españoles-cristianos han sido espectadores de estos cambios, teniendo que reconocer la nacionalización de muchos marroquíes desde la Democracia lo que les hace mantener una postura ambivalente en cuanto a su identidad europea-africana.

Opuesta a la visión europea-cristiana de Melilla, se encuentra la marroquí-musulmana, la otra comunidad más numerosa en la ciudad. La visión marroquí de España en la actualidad es sintomática de los problemas ligados a la ocupación colonial a los que se añaden otros contemporáneos. Para una inmensa mayoría de sus ciudadanos la recuperación de Ceuta y Melilla y de las islas Chafarinas, así como el reconocimiento del carácter marroquí del Sáhara, se perciben como los conflictos políticos a resolver para lograr un mayor y permanente acercamiento entre los dos países. Asimismo, en el entorpecimiento de las relaciones bilaterales el problema de la emigración clandestina[7] se está afianzando, entre la juventud, como un problema por encima de los altercados de la pesca o de los anteriormente citados. Estos jóvenes nacidos tras la independencia consideran los problemas económicos de mayor importancia que liquidar las cuentas del pasado colonial[8]. Esta compleja imagen española desde Marruecos se encuentra entre los españoles-musulmanes de Melilla, con peculiaridad debidas a la coexistencia (no convivencia) de diversas comunidades.

A las perspectivas de las dos comunidades mayoritarias en Melilla se ha de añadir necesariamente la de los emigrantes que cruzan diariamente la frontera y que tienen como necesaria filosofía de vida la “espera” en este lugar de paso antes de llegar a su destino: Europa, entendida como conjunto y de la que la ciudad-autónoma es su primer contacto real. En los campamentos improvisados que rodean la valla o en el Centro para Inmigrantes (CETI) en Melilla, conviven argelinos, marroquíes, subsaharianos y tantas otras nacionalidades con la esperanza de un cambio en su situación y llegar a Occidente. El aumento constante en su número y presencia por las calles melillenses los ha convertido en un agente de cambio esencial en los últimos años.

ANÁLISIS DE LAS OBRAS

Desde principios de este siglo se han venido produciendo una nómina considerable de documentales sobre la ciudad de Melilla realizados por españoles. Todos ellos, estudiados en su conjunto, suponen un trabajo de visibilización de la ciudad y su realidad hasta hoy en día silenciadas o mostradas parcialmente por los medios de comunicación, olvidadas por las instituciones y relegadas en los estudios académicos. La visión sesgada que se ha ofrecido de ella oculta a una ciudad que es muchas y que compone un crisol de realidades y experiencias únicas sintomáticas de las contradicciones del mundo contemporáneo. A pesar de lo dicho, no son catalogables dentro de un pretendido cine español y tampoco como parte de la pujante cinematografía de Marruecos. El hecho de que dos de los autores hayan nacido en la ciudad autónoma nos sitúa en una posición “entre dos mundos”, espacio de negociación y redefinición de identidades es una constante en este enclave español en África, espacio privilegiado para acercarnos, desde otra óptica, a determinada problemática migratoria, racial, política y social. Los dos melillenses, Driss Deiback y Moisés Salama, nos ofrecen las obras más interesantes y directas de Melilla y de sus habitantes, a las que hemos de añadir las del madrileño Luis de No y el catalán Óscar Pérez. Sin embargo, las propuestas de éstos adolecen de una distancia con el objeto de trabajo incapaces de salvar.

A parte la obra Melillenses (2004) de Moisés Salama, más experimental e innovadora, el resto de documentales se pueden clasificar, siguiendo a Bill Nichols, como observacionales-participativos, tal y como veremos.

Driss Deiback, de origen musulmán, realizará en 2002 su primer documental sobre Melilla. Alrededor de la 2ª edición de la Semana de Cine de Español de Melilla, Driss nos ofrece un mosaico de la realidad humana del lugar a la que titula, tomando las palabras de uno de los protagonistas de su película: “Natural de Melilla”. En esta decisión reside una tendencia que marcará las obras posteriores dedicadas a su ciudad natal: el intento por retratar a través de múltiples testimonios, lo que hoy en día sea Melilla para sus habitantes, para sus “naturales”, como se decía antaño.

Debido a la larga historia de encuentros y desencuentros entre España y Marruecos, la población de Melilla ha ido cambiando. En la actualidad, sus grupos poblacionales principales, en base al aspecto religioso son: españoles-católicos (45%), musulmanes-marroquíes o musulmanes-españoles (45%), judíos-sefarditas en menor proporción (entre 500 y 800 personas), budistas (comunidad antaño importante con poca importancia hoy en día) y otros, entre los que la comunidad de “ilegales” o, mejor dicho, “sin papeles” es una presencia constante. Todo ellos aparecen en la pionera obra de Deiback. A pesar de la falta absoluta de personajes femeninos de carácter y de una no disimulada tendencia por retratar elementos “liminales” de su ciudad como son los gays, travestis y transexuales, Driss realiza una primera aproximación a la realidad político-social de Melilla gracias a las declaraciones, dinámicamente hilvanadas, de sus 23 protagonistas. De este modo, da un primer paso en la visibilidad de la oculta realidad melillense a través de las respuestas dadas a preguntas variadas sobre lo que significa ser melillense.

El fragmento de película de Driss El refugio (1997) que da comienzo a la película funciona como declaración de motivos del director a través de un fake de una película policíaca americana de serie B de los años setenta. En esta secuencia inical, dos personajes se preguntan dónde está Melilla y, tras cuestionarse si es en el Sur de España o en el Norte de África tocan un punto esencial al decir que “la historia de Europa es un jodido lío”. En realidad, si un extranjero tiene el “honor” de reconocer a la ciudad de Melilla esta es la percepción general que se tiene de ella: su peculiar y problemática situación geo-política tiñe su realidad de contradicciones y potencialidades. A continuación, Driss Deiback planeará con su cámara sobre un mapa y nos presenta su ciudad al compás de desfiles militares, procesiones católicas de Pascua, salmodias de rabinos o melodías árabes. Tras este rápido primer encuentro con Melilla hará lo mismo con sus protagonistas principales; hasta 13 en número que, a lo largo de la hora y media de metraje, irán opinando sobre problemas candentes de la ciudad como son el racismo, la emigración, la posibilidad de diálogo entre las comunidades que la forman, el papel de la historia franquista previa en los tiempos presentes, la represión sexual o el papel del cine en todo ello. Deiback, clásico en el uso de la cámara fija en sus entrevistas, hace dialogar a estas personas a través del montaje, ligando con maestría un tema con otro y obligándoles a tomar partido. La falsedad del multiculturalismo como bandera melillense es patente para muchos de estos hombres, que no dudan en reconocer como dominante a la cultura europea-peninsular, causante del sometimiento de la 2ª más numerosa: la autóctona rifeña y musulmana. En este crisol de historias, la realización del Festival de Cine Español de Melilla ocupa un lugar privilegiado al hacer evidente, una vez más, la distancia entre comunidades, todas ellas con una opinión divergente sobre la temática y realización del evento cultural.

Algunos problemas salen al paso continuamente en el documental pero el manido recurso a las entrevistas entrelazadas con picardía y efectismo resulta tan evidente que las declaraciones pierden fuerza a causa del continuo recurso a lo histriónico y al elemento más “freak” contemporáneo. La efectividad al usar como interlocutores a travestis, transexuales o gays que se oponen a la Melilla más conservadora de legionarios, militares retirados y burócratas acomodaticios acentúa las diferencias pero impide el diálogo en un cruce de fuego dialéctico que se acaba en sí mismo. El hecho, además, de enfatizar el aspecto identitario ligado a la religión relega otros aspectos sociales y culturales de igual trascendencia. El resurgir de la Semana Santa melillense, en un momento en el que decrece la población cristiana a favor de la musulmana, nos habla del poder peninsular empeñado en mantenerse, en un mano a mano con el poder militar que, con sus continuos desfiles, defensa de símbolos franquistas y pretendida adaptación de la legión a los tiempos modernos, es el otro estamento empeñado en mantener una situación en oposición con los tiempos. Esta sobrecarga en la crítica a lo militar y católico empequeñece otras reflexiones necesarias sobre la ciudad, silenciándose su multiforme cara.

En su siguiente producción Deiback seguirá en la línea de dar a conocer ciertos sectores y personajes de su ciudad pero olvidando en buena parte su espíritu combativo, creando un suave retrato visibilizador “para todos los públicos” de Melilla. La última frontera (2005) producida desde Alemania, lugar de residencia del director, resulta inefectiva tanto en la forma como en el contenido. Sirviéndose de una voz over el narrador nos va ofreciendo datos sobre la ciudad autónoma en su calidad de “última frontera” europea desde Schengen. Este aspecto fronterizo jugará en este caso como definidor de identidades a través de las consecuencias y la necesaria toma de postura que la terrible alambrada provoca en un grupo de personas de uno y otro lado. Documental por tanto más clásico en su intención divulgativa, Deiback da la palabra a sólo seis personas, que nos cuentan sus historias supeditando lo político a lo humano. La alambrada de 8 metros ha cambiado la vida de Miguel Ángel al quedar su casa en una isla en territorio marroquí, los subsaharianos Pascal y Toché tratan noche tras noche de saltar al otro lado sabiendo que Melilla no será sino un paso más en su viaje a Europa mientras, desde la central de vigilancia de la Guardia Civil, las miles de cámaras avisan a los agentes que intentan impedir su entrada. Por su parte, el empresario Joaquín Moreno y el judío converso y motero Abi ejercen sus trabajos y disfrutan de sus hobbies en una ciudad que consideran ejemplo de convivencia y respeto y de ello hacen gala en sus trato con personas de otras comunidades o ayudando a los más desfavorecidos. A pesar del acierto en la elección de personas, secundarios y relatos, la cara menos amable de los conflictos de religión y convivencia son cuidadosamente evitados en un trabajo cuya intención es ofrecernos una ciudad excepcional y aislada que es “un vivo ejemplo de coexistencia multicultural pacífica” en palabras de Deiback en la voz del narrador. El ejemplo que puede dar a Europa y al mundo se ve teñido por “la incomprensión que sufren los melillenses por el desconocimiento que se tiene de su ciudad y de los perjuicios, se sienten solos…” Solos como la joven que, en la última escena, pasea por la playa contándonos sobre su soledad. Una historia personal que es colectiva en nuestros días pero que no es capaz de trascender de lo universal a la particular de la compleja realidad de Melilla.

La tendencia humana continúa en su última producción, original experimento llamado Las Melillas (2007) con el cual pretende, en sus propias palabras, que se puedan “descubrir las distintas Melillas y, en especial, la española de la que tan poco saben en el extranjero”, “para que cada vez más gente pueda saber que en el Norte de África existe una Melilla multicultural que pertenece a España, y que está habitada en su mayoría por cristianos y musulmanes”[9].

Estas melillas de Uruguay, Cuba, Italia y España, tan distantes en el espacio, se comunican a través de su idea de Deiback de que “el ser humano es igual en todas partes”. A la pregunta inicial del narrador: “¿además del nombre, comparten algo más estas melillas?” sucede un retrato de estas poblaciones y de sus gentes que permite al director entablar un diálogo entre historias personales. Más allá de un nombre compartido, la realidad de las músicas cubana, italiana, española o uruguaya son el elemento identitario de unión para unas poblaciones separadas en lo geográfico, político y cultural. Si bien en los dos documentales anteriores la música servía como lugar de encuentro y expresión de las diversas identidades de un mismo lugar (la Melilla española) aquí establece puentes universales de un país a otro demostrando, una vez más, como este arte tiene la inmensa capacidad de limar asperezas y provocar el encuentro.

La tarea de “recolocar” en el mapa a Melilla que se había propuesto el autor se consigue con unos trabajos que adolecen de una excesiva pretensión universalista y de un enfoque “kitsch”, hecho que los vuelve ineficaces a la hora de analizar la especial realidad de Melilla. La incapacidad de ir más allá de ciertos aspectos los limita en su alcance pero los hace objeto de fácil y sugerente consumo para los espectadores desde Occidente los que, sin duda, disfrutarán de este mosaico de personajes anecdóticos.

Moisés Salama, melillense de familia judía, decide ocuparse de su ciudad en 2004 en su largo documental Melillenses. Años después realizará otro sincero retrato de una comunidad olvidada, en este caso la bereber (imazighen[10]) en su Atlas bereber (2008). En ambas obras la constante es un interés investigador, de desvelamiento de una verdad oculta por los Media, siempre con una conciencia de la técnica y lenguaje cinematográficos que se evidencia en la interrelación potente de diálogos, imágenes y músicas, haciendo realmente efectivo su alcance. La capacidad de “dejar hablar” al otro sin imponerse y la maestría en el planteamiento de diversos problemas contemporáneos es reveladora, ofreciéndonos unos documentos  imprescindible para acercarnos a la realidad melillense y a la bereber respectivamente.

La obra de Moisés, en clara oposición con las de Deiback, se enfrenta sin intermediarios ni censuras previas de contenido a la realidad melillense del año 2004. El director parte, como él mismo explica, de una paradoja: “la necesidad de aproximarme a Melilla desde una perspectiva más veraz que la de tantos discursos oficiales –centrados en la celebración de una convivencia multicultural tan idílica como irreal- siendo consciente de que la objetividad plena no se puede alcanzar ni desde una inexistente perspectiva privilegiada ni desde la quimérica suma de todas las existentes”. Declaración de motivos que le llevará a servirse de unas cuantas miradas que crearán una vista acrisolada que problematizará la ciudad.

Gracias a un guión que funcionó como andamiaje en la fase de rodaje y a una fuerte documentación histórica previa, es posible dialogar en profundidad con una Melilla en constante proceso de cambio y de redefinición de su identidad. La elección de utilizar la figura ficcional de Julia (una mujer peninsular que llega a Melilla para tomar notas para un futuro documental) y a pesar de algunos críticos que consideran que anula el pacto de realidad, resulta acertada. Aunque algunos habrían querido que el propio Moisés fuese el guía en este recorrido histórico, humano y geográfico por Melilla, sin embargo y como él mismo reconoce, su calidad de melillense le impedía la sorpresa ante determinadas realidades muy concretas que, en la persona de Julia, evidencian el desconocimiento de los “de fuera” de las mismas. Tal es el caso de su visita al CETI (centro de estancia temporal de inmigrantes) o el paseo por un barrio reprimido rodeada de musulmanes. Culi advierte a Julia: “no sé lo que tú quieres ver, pero sí lo que yo te voy a enseñar”. Este melillense crítico amigo íntimo de Moisés y alter ego del mismo, será el que dirija a Julia en su deambular presentándole personas con sus historias y optando por escapar de la imagen turística del centro histórico o de la Melilla modernista que no ocuparán más que unos planos secundarios en todo el metraje. La ciudad que nos ofrecen es la de los barrios deprimidos y silenciados por una administración casi únicamente cristiana, donde los musulmanes no tienen apenas voz. Las contradicciones entre las dos comunidades mayoritarias –cristiana y musulmana- son diarias pero, aunque quisieran muchos que la religión siguiese suponiendo el paradigma único en la formación identitaria, a ésta se le han de superponer muchos otros problemas. Salama los va poniendo sobre la palestra a través de personaje que crean ricas capas de historias, tiempos y espacios que necesariamente han de convivir en Melilla. El silenciado papel de la mujer en el siglo XXI y los prejuicios que se añaden a las musulmanas es otro de los elementos principales del discurso del director. En este caso a través de Yonaida, joven musulmana nacida en Canarias, que elocuentemente nos habla de la dificultad de las mujeres musulmanas españolas para encontrar su sitio, al “navegar continuamente entre dos aguas”.

La necesidad de la autocrítica de los musulmanes, incapaces de ver más allá y a la defensiva ante la actitud de rechazo que provocan para los europeos, es apuntada por la joven sin olvidar la problemática que entraña el potenciar lo musulmán frente a otros aspectos identitarios como el ser bereber. La población musulmana de Melilla es mayoritariamente bereber, con su propio idioma, el tamazhig, lengua que algunos melillenses como Culi sienten necesidad de aprender para lograr la comunicación y la comprensión entre culturas. Frente a la imagen dominante en el resto de Marruecos de la zona norte como lugar de pobreza, robo, kif, emigración y subordinación[11], buena parte de los jóvenes bereberes, orgullosos y practicantes de su identidad, emplean el concepto “mediterráneo” en un sentido positivo, como categoría opuesta a la dominación árabe. El uso del tamazhig como repuesta a la opresión marroquí que no reconoce su lengua o las mayores relaciones entre el pueblo bereber y Europa frente a Rabat nos hablan de una identidad compleja y cambiante.

No menos lo es la de los inmigrantes que, injustamente, se encuentran en una situación de espera sin límites en el CETI. Salama consigue en este centro multicultural unas escenas cargadas de sinceridad que, poderosamente, nos hablan de las terribles historias personales de sus moradores.

El interés por reflexionar sobre la multiforme realidad de Melilla a través de su historia ha sido muy bien traído por el director en un diálogo con el historiador Vicente Muga, especialista sobre la historia de la ciudad y gran orador. Este excursus histórico se sirve de imágenes de archivo que apuntalan el texto, entretejiendo un sinfín de conexiones, necesarias para seguir deambulando por el laberinto que nos proponen nuestros guías.

Muchos otros aspectos de “La última frontera” que es Melilla van apareciendo en la obra de Salama sin que me pueda detener en ellos. Tal y como se había propuesto y consciente de las limitaciones, ha sido capaz de ofrecernos otra visión de esta ciudad fronteriza llena de contradicciones y espejo en la que reflejarnos y reflexionar sobre los problemas más acuciantes de nuestro tiempo.

De mi análisis no querría que se pensase que la visión de Salama es pesimista o meramente de constatación. Nada más alejado de la verdad. Si bien cada personaje tiene su propia opinión la de la joven Yonaida se me antoja fundamental al proponer a manera de manifiesto y más allá de la opinión personal, un futuro donde el cambio es posible y la convivencia real. -CLIP 2: 40´´- La mujer como depositaria de la memoria y agente de cambio social es característica de nuestro tiempo independientemente de donde nos encontremos, por ello no nos ha de extrañar que la siguiente película de Salama haya sido Atlas bereber, realizada con el asesoramiento del antropólogo Mohatar Marzok, y en la que muestra una sensibilidad especial ante la dura realidad tamazigh en el Magreb. En ella se presta una atención especial a los diferentes papeles jugados por las mujeres en la adaptación de la comunidad bereber ante los cambios de los últimos años a causa de la mejora en las comunicaciones y la consecuente llegada del turismo, que trae aparejada una negociación entre sus tradiciones y los valores contemporáneos.

El madrileño Juan Luis de No también contó con la colaboración de Marzok para su reciente Cien metros más allá (2008). Y ya en 2004 había realizado un documental que anunciaba el interés del más reciente. Se trataba de Ciudad de la espera (2004) en el que sirviéndose de tres generaciones rifeñas, mostraba la dura realidad de una cultura llamada a extinguirse por estar abocada a la emigración a Europa al faltar cualquier otra salida. El interés por utilizar el formato de los testimonios en forma de collage objetivo para ofrecernos el mosaico más aproximado de la realidad será otra vez empleado en Cien metros más allá, situada en Melilla y que se ocupa de un aspecto concreto del lugar: los cruzadores que, día a día, pasan desde Marruecos la frontera española de Melilla cargando inmensos fardos a sus espaldas, suponiendo éste un comercio muy lucrativo desde ambas lados. Una realidad diaria lacerante en Melilla, que completa y ahonda con múltiples declaraciones y puntos de vista lo dicho por Salama en su película, donde este hecho era simplemente otra de las teselas de su sincero mosaico melillense.

El ascenso en la profesión católica en Melilla es el objeto de análisis del trabajo de Óscar Pérez en coproducción con el Master en Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona de 2006: Salve Melilla. Las manera de trabajar del director nacido en Girona en una línea observacional y poco dinámica, basada en planos fijos, respeto a sus protagonistas y donde lo narrativo prima sobre lo dramático son “rasgos que se repiten, con matices”, como opina Elena Oroz[12], en este documental. El inmovilismo de las capas más conservadoras y patrioteras aparecen de la mano del personaje principal (Carlos Rubiales) presentador del programa “Cruz de guía” de Tele Melilla, que retransmite todos los eventos de la Semana Santa del lugar. Los exteriores de la ciudad, la casa del protagonista y el set improvisado de televisión, ofrecen múltiples detalles de esta celebración fruto de la más caduca de las Españas actuales y desde Melilla, lugar que “ha sido y ya no es” y que, como nos dice el protagonista cuando va en coche a los alrededores para mostrar la frontera y el mar, reconoce que el espigón del puerto “ojalá llegara hasta Málaga”. Una nueva concepción de la ciudad ligada a los estamentos más conservadores y reaccionarios que querrían que el inmovilismo aislara a su ciudad de lo que realmente es pero que peca en la representación connotadamente crítica del director ante su protagonista, impidiendo quedarse en una mera constatación de “los unos contra los otros” que impide el diálogo y el entendimiento.

FINAL

Todas las visiones ofrecidas por estos documentalistas conforman un mosaico único de las identidades hoy en liza en Melilla, espacio de constante redefinición de conceptos ante la constante redefinición de los actores políticos, económicos, culturales y mediáticos en juego.

Los orientales llamaban a Marruecos y España “el occidente musulmán”. Al- Andalus era un espacio de encuentro, entendimiento, reciprocidad y, al mismo tiempo, de conflictos, suspicacias y separaciones. “Era un mundo donde el Otro formaba parte integrante del espacio identitario”[13]. Ojalá hoy en día pudiésemos decir lo mismo de Melilla. Por ser un lugar donde han de coexistir necesariamente comunidades diversas las posibilidades de diálogo y encuentro son enormes, sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer para lograr vencer los prejuicios, lugares comunes y representaciones negativas del “otro” desde las dos orillas…


[1] En esta línea y de forma notable encontramos a los directores “beurs” franceses y alemanes. Parte de la 2ª o 3ª generación de emigrantes en suelo europeo nos ofrecen nuevas y personales visiones ligadas a una realidad situada a caballo entre dos mundo. Su riqueza cultural híbrida es generalmente vehiculada a través de la música, la memoria y la familia.

[2] Al preguntársele a Pierre Pitiot qué es el cine Mediterráneo, aventura un esbozo de definición a modo de bella y poética metáfora: este sería “la sucesión de piedrecitas, un mosaico de colores, cercanas unas a otras que, al alejar la mirada, permite tener una visión de unidad”. Citado por Mohamed BENSALAH, La pasarela cinéfila. Un recorrido por el cine mediterráneo (Barcelona, Enciclopedia del Mediterráneo, CIDOB, Icaria editorial, 2005), p. 73.

[3] Eva Lapiedra, “Al-´Idwatayn: espacios y fronteras entre al-Andalus y el Magreb”, en Relaciones hispano-marroquíes. Una vecindad en construcción. Ana I. Planet y Fernando Ramos (coords.) (Madrid, Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo: 2005) p, 34.

[4] F. Braudel, The Mediterranean and the Mediterranean World in the age of Philip II. 2 vols. (Glasgow, Fontana/Collins: 1976).

[5] Noureddine AFFAYA y Driss GUERRAOU, Imagen de España en Marruecos (Barcelona, CIDOB, 2005), p.56.

[6] Tal y como recogen los diarios de la época.

[7] Que acaba con muchas vidas de jóvenes en el mar en suicidios…

[8] Noureddine AFFAYA y Driss GUERRAOU, Imagen de España en Marruecos (Barcelona, CIDOB, 2005), p.172.

[9] Declaraciones de Driss Deiback en “El documental de ‘Las Melillas’ del cineasta melillense Driss Deibak abrirá el Festival de Montevideo”, WebIslam <http://www.webislam.com/?idt=8790&gt;

[10] Imazighen significa “hombres libres”, por la característica de pueblo nómada de este pueblo que se extiende desde Libia a Canarias y desde el Mar Mediterráneo a Mali. Gracias a su naturaleza la antiquísima lengua tamazigh se ha mantenido a lo largo de los siglos hasta la actualidad.

[11] F. Zaim. Le Maroc et son espace Méditerranéen. Histoire économique et sociale. (Rabat, Confluences: 1990), p. 5.

[12] Elena OROZ, reseña sobre Salve Melilla en blogs&docs, <http://www.blogsandocs.com/?p=27&gt;

[13] Noureddine AFFAYA y Driss GUERRAOU, Imagen de España en Marruecos (Barcelona, CIDOB, 2005), p. 28.

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Esta entrada fue publicada en septiembre 18, 2011 por en Cine y etiquetada con , , , , , , .

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